El mejor regalo

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No dejes nunca de sonreir por favor

martes, 22 de febrero de 2011

El sonido de la risa

"Había una vez una niña con unos ojos muy grandes, muy grandes que no sabia reír porque nadie se había preocupado en dedicarle la atención que ella merecía. Era la mayor de 9 hermanos y siempre estaba demasiado atareada ayudando en casa en las labores domésticas a su madre y en el campo a su padre, que era labrador. Todos los días acababa la jornada agotada y no podía evitar que los ojos se le cerraran mientras tomaba un buen tazón de leche caliente con miel que le preparaba su madre.

Pero ella no era una niña triste, ni mucho menos, lo que ocurría es que desconocía el sonido y los efectos terapéuticos de la risa. Cada mañana al abrir la ventana sonreía al ver la luz que trasmitían los rayos del sol y los campos del color verde esmeralda. Se sentía feliz a pesar de lo dura que era su larga jornada de trabajo diario.
 
Un buen día se dirigió al río para lavar la ropa de sus hermanos pequeños y por primera vez en su vida emitió un sonido que era parecido a la contagiosa risa de su madre. La imagen que contemplaba la ayudaba a seguir riendo y era algo tan sencillo como una liebre y una ardilla jugando al escondite en el tronco de un árbol. Los animales no se habían percatado de la presencia de la niña y continuaban persiguiéndose uno al otro. Ese efecto provocó en la niña el impulso definitivo que necesitaba para desatar la corriente de la risa y poder disfrutar plenamente de ella. Al mismo tiempo que reía se dio cuenta que una lagrima le caía por el rostro. Obviamente eran lágrimas de felicidad ante semejante acontecimiento. Los animales alertados por la risa de la niña desaparecieron entre los matorrales pero la niña no podía ni tampoco quería parar de reír. Eran muchos años sin esa sensación y era la primera vez que la disfrutaba.
 
Al final del día, en su casa, relató lo ocurrido a su familia y fue capaz de reproducir de nuevo el sonido de la risa con tan sólo rescatar de su memoria la imagen que la provocó. El sonido de la risa de esta niña era tan limpio y puro que tenía la capacidad de provocar en todo aquel que la escuchaba el placer de sentirse feliz y a gusto consigo mismo. 

Desde aquel día la niña se dio cuenta que tenía la capacidad para transformar un mal día en uno bueno y aunque muchas veces su entorno la afectaba en su estado de ánimo, sabía que sintiéndose en paz consigo misma era capaz de controlar sus emociones. Es imposible contar a la gran cantidad de personas que esa niña ayudo a ser un poco más felices con el sonido de su risa y el calor de su compañía, porque son tantas como estrellas tiene el cielo. Pero sin embargo si es posible contar todos los besos que recibía de la gente que la quería, porque los apuntaba en un cuaderno con el fin de poder acordarse de ellos, cada vez que se sentía triste por algún motivo". 

Pedro García Gallego