Cada año suele comenzar con los mismos propósitos y con alguno nuevo que se añade a la utópica lista que mentalmente rescatamos. Sin embargo, pocas veces caemos en la cuenta en el regalo que tenemos la suerte de disfrutar cada día. La rutina, la inercia, las prisas, los compromisos y otra serie de factores muy diversos nos hacen olvidarnos de lo fundamental. Cada día es un regalo. No es una frase hecha, es una realidad. El guión lo pones tu mismo y los acontecimientos que te vayan sucediendo, pero sobre todo tu actitud es decisiva para saborear cada día y exprimirle todo su jugo. Bien es cierto que nuestro entorno muchas veces condiciona nuestro presente, pero lejos de convertirse en un presunto obstáculo debemos pensar en el reto que supone superarlo. Claro que cuando estas metido de lleno en encontrar la salida a un problema, no te paras a pensar en lo atractivo que es superar las dificultades. Bastante tienes con mantener el equilibrio y seguir adelante ¿verdad? No obstante, cuando tomamos algo de distancia nos damos cuenta de lo diferentes que somos después de cada momento superado. Hemos crecido, hemos evolucionado y por tanto hemos cambiado.
Una de las peores cosas que le pueden decir a alguien es esa de; "¡pero bueno si estás igual que siempre, no has cambiado nada!". Pobrecito el que reciba ese supuesto halago. Implica haber estado hibernado por un tiempo indeterminado y eso a priori no creo que sea muy bueno, salvo que aspires a alcanzar la eterna juventud. No podemos ser iguales que el día anterior, sencillamente porque hemos vivido una serie de impactos emocionales que han modificado nuestra forma de pensar, sentir y relacionarnos con nuestro entorno. No estoy refiriéndome a nuestros principios o valores, que estos si que en la mayoría de las ocasiones permanecen inalterables y construyen la espina dorsal de cada uno de nosotros. A lo que me refiero es a la tremenda oportunidad que poseemos cada uno de nosotros, cada vez que amanece un nuevo día y tenemos la suerte de pintarlo con los colores que decidamos. Si somos conscientes de que tenemos una hoja en blanco entera a nuestra disposición, seremos conscientes de aprovechar al máximo cada momento y llegaremos al final del día con nuestro particular lienzo lleno de colores. A veces estos colores no estarán muy bien ordenados y no serán muy artísticos, pero son nuestros colores y nos hemos atrevido a plasmarlos y a vivirlos. Y todo ello hace que seamos distintos al día anterior.
Tenemos 365 regalos todos los años y apenas le concedemos el valor que poseen. Cada nochevieja deberíamos ser conscientes de ello y dar gracias por todo lo que hemos vivido y cambiado. No es malo cambiar y evolucionar, al contrario. Del mismo modo, cada nochevieja deberíamos hacer el firme propósito de seguir coloreando cada día con nuestra particular paleta de colores y pensar que las riendas de nuestra vida las llevamos nosotros y que es inútil echar balones fuera, cuando lo que procede es asumir nuestra responsabilidad en los aciertos y errores que cometemos a diario.
365 regalos cada año, son muchos. Aprovechalos y vivelos. Felicidades!!