Cada momento, cada estado de ánimo tiene su importancia y su significado. Si eres capaz de transformarlo en palabras habrás encontrado una virtud.
El mejor regalo
No dejes nunca de sonreir por favor
martes, 27 de julio de 2010
La luna llena
"... y volveré a contemplar la luna llena mientras se para el tiempo y seguro que entonces volveré a enamorarme de ti otra vez..."
jueves, 22 de julio de 2010
Homenaje a la palabra
A veces maltratada, otras muchas manejada hasta la saciedad pero siempre necesaria. La palabra es una de las más bellas herramientas que posee el ser humano y que debemos saber valorar. Parece evidente que desde que nuestros antepasados primitivos aprendieron a emitir los primeros sonidos como forma de comunicación, la palabra se ha hecho imprescindible para entendernos mejor.
Incluso la palabra no dicha, merece también un homenaje. Muy a menudo es más importante aquello que no se dice como lo que se manifiesta en voz alta. El dominio de este arte en el teatro, me refiero a saber manejar correctamente los silencios, es algo que sólo está al alcance de los grandes de la escena. Decir mucho sin decir nada, es mucho más importante a veces que no parar de hablar durante diez minutos seguidos, sin haber dicho apenas nada congruente.
Además la palabra tiene la responsabilidad de trasladar y comunicar nuestros estados de ánimo de forma permanente. El significado de una misma palabra puede variar mucho dependiendo de la entonación e intensidad que le otorguemos en cada momento y por supuesto del emisor que la lance al viento. Y aunque el mensaje que mandemos frecuentemente depende de la interpretación o destreza del receptor, la palabra prosigue su viaje. Unas veces acaricia los sentidos y otras veces los hieres. También puede ser esperada con enorme ansiedad o deseo por el receptor.
¿Alguién se ha parado a pensar que pasaría si no existiera la palabra? Pensémoslo por un momento,.. quizás entonces podríamos aproximarnos a conocer su auténtico valor. Para alguién como yo que disfruta con la palabra se me hace muy díficil pensar en un mundo en que no tuviera cabida. Por eso, tal vez, cada día que pasa me llevo mejor con la palabra. Hasta el punto que nuestra relación parece incluso que se va consolidando, poco a poco, sin tener muy claro donde me llevará este apasionante idilio. Así que yo, por si acaso, me límito a disfrutar del viaje con ella de la mano.
Saber manejar el arte de la palabra nos puede ayudar a mejorar nuestra relación con los demás y también nuestra propia autoestima. Nos permite crecer y mejorar como persona, al tiempo que fomenta nuestra sed de conocimiento. La palabra es bella, en su faceta de vaso comunicante. ¿Cuantos discursos politicos o de cualquier otro tipo se han podido pronunciar? ¿Cuantas declaraciones de amor, desde que el mundo es mundo, se han dedicado amantes de todas las nacionalidades y las lenguas existentes? Y no importa el idioma o el dialecto en que se pronuncien, porque todas ellas son hermosas desde el momento en el que permiten abrir las ventanas de nuestras emociones más íntimas. Ellas, las palabras, suelen ser el último eslabón de nuestros estados de ánimo y le ponen la rúbrica definitiva a nuestros pensamientos e intenciones.
Por todo ello y por muchas otras palabras que me callo, como no podía ser de otro modo, creo muy justo hacerle cada día un homenaje a la palabra. Y quizás el mejor homenaje que se me ocurre es el de hacer uso de ella. Incluso cuando callamos y optamos por manejar el mágico mundo de los silencios, seguro que la palabra tendrá su premio,... sordo en este caso pero premio al fín y al cabo. Larga vida a la palabra.
miércoles, 21 de julio de 2010
Cásate conmigo
Suena el teléfono. Acabo de recibir un sms. Uno más, pienso yo. Sin embargo, comienzo a leer y no salgo de mi asombro al descifrar su contenido: "Te quiero, eres perfecto... ya te cambiaré. Cásate conmigo".
Pienso que todo esto debe ser una broma, logicamente. Lo leo varias veces y comienzo a asimilarlo poco a poco. La persona emisora de semejante misiva no es alguién desconocido para mi, de modo que tengo la posibilidad de contrastar la veracidad de semejante manifiesto. Mi contestación pretende alimentar la broma, pero su réplica es muy seria:"¿A ti te piden matrimonio todos los días?..."
¿Porque matrimonio? trato de averiguar. No lo entiendo. ¿Acaso es la panácea de algo que todavía no conozco? ¿es capaz de curar los pesares sentimentales? ¿o quizas es el remedio de la rutina, el aburrimiento o la desidia? Al contrario, creo que puede ser una de las más fuertes y arraigadas presiones sociales, que junto con un gran negocio a su alrededor, nos tratan de inyectar en vena desde que nacemos, año tras año hasta que tenemos la suficiente sinrazón, como para caer en la trampa del "si, quiero".
El caso es que la persona emisora del mensaje al ver mi extrañeza y mi falta de motivación al respecto, me pidió una respuesta a su solicitud de matrimonio y yo en un alarde de sentido del humor, ante esa situación, le pedi un plazo para contestarla que podía oscilar entre 24 horas y tres meses (sabiendo que con 24 horas tenía suficiente). Esa misma noche en la soledad de mi casa, quise aislarme de todo para reflexionar tranquilo. De manera que escribi el siguiente sms en mi teléfono para que la persona deseosa de cambiar su estado civil no interrumpiera mis conjeturas: "Vodafone le informa que el titular de este número se ha ido a comprar tabaco y no tiene previsto regresar. Le rogamos que no intente contactar con el. Gracias". El mensaje causó efecto, la destinataria sonrío al leerlo y además respeto mi aislamiento.
Al día siguiente, 24 horas después de la amenaza de matrimonio, ella se derrumba y me intenta convencer de que todo era una broma. Me dice que jamás me pediría ese compromiso a través de un sms y que además años atrás, también quisó tomar la iniciativa en este tema con otro hombre jurándose a si misma no volver a hacerlo jamás (pero yo se que la mujer, al igual que el hombre, es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra).
Siento una mezcla de alivio (porque no es el momento, ni el lugar apropiado) y decepción. Mi ingenuidad me había llevado a pensar que una de las mujeres que más me ha demostrado quererme, pretendía comprometerse conmigo para "siempre". Sin embargo, ella termina reculando y me hace saber que eso, o sea casarse, sería lo último en lo que estaba pensando.
Ambos sabemos que en el fondo de esta historia existía una petición de compromiso muy sería. Ambos también sabemos que todo tiene su tiempo y que el de ahora no es el más oportuno.
Mucho me temo que esta noche Vodafone, echará mano de una sentencia de Groucho Marx para informar a mi amante casadera que: "el sexo es como una partida de cartas: cuando no tienes una buena pareja, mas te vale tener una buena mano..."
Pienso que todo esto debe ser una broma, logicamente. Lo leo varias veces y comienzo a asimilarlo poco a poco. La persona emisora de semejante misiva no es alguién desconocido para mi, de modo que tengo la posibilidad de contrastar la veracidad de semejante manifiesto. Mi contestación pretende alimentar la broma, pero su réplica es muy seria:"¿A ti te piden matrimonio todos los días?..."
¿Porque matrimonio? trato de averiguar. No lo entiendo. ¿Acaso es la panácea de algo que todavía no conozco? ¿es capaz de curar los pesares sentimentales? ¿o quizas es el remedio de la rutina, el aburrimiento o la desidia? Al contrario, creo que puede ser una de las más fuertes y arraigadas presiones sociales, que junto con un gran negocio a su alrededor, nos tratan de inyectar en vena desde que nacemos, año tras año hasta que tenemos la suficiente sinrazón, como para caer en la trampa del "si, quiero".
El caso es que la persona emisora del mensaje al ver mi extrañeza y mi falta de motivación al respecto, me pidió una respuesta a su solicitud de matrimonio y yo en un alarde de sentido del humor, ante esa situación, le pedi un plazo para contestarla que podía oscilar entre 24 horas y tres meses (sabiendo que con 24 horas tenía suficiente). Esa misma noche en la soledad de mi casa, quise aislarme de todo para reflexionar tranquilo. De manera que escribi el siguiente sms en mi teléfono para que la persona deseosa de cambiar su estado civil no interrumpiera mis conjeturas: "Vodafone le informa que el titular de este número se ha ido a comprar tabaco y no tiene previsto regresar. Le rogamos que no intente contactar con el. Gracias". El mensaje causó efecto, la destinataria sonrío al leerlo y además respeto mi aislamiento.
Al día siguiente, 24 horas después de la amenaza de matrimonio, ella se derrumba y me intenta convencer de que todo era una broma. Me dice que jamás me pediría ese compromiso a través de un sms y que además años atrás, también quisó tomar la iniciativa en este tema con otro hombre jurándose a si misma no volver a hacerlo jamás (pero yo se que la mujer, al igual que el hombre, es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra).
Siento una mezcla de alivio (porque no es el momento, ni el lugar apropiado) y decepción. Mi ingenuidad me había llevado a pensar que una de las mujeres que más me ha demostrado quererme, pretendía comprometerse conmigo para "siempre". Sin embargo, ella termina reculando y me hace saber que eso, o sea casarse, sería lo último en lo que estaba pensando.
Ambos sabemos que en el fondo de esta historia existía una petición de compromiso muy sería. Ambos también sabemos que todo tiene su tiempo y que el de ahora no es el más oportuno.
Mucho me temo que esta noche Vodafone, echará mano de una sentencia de Groucho Marx para informar a mi amante casadera que: "el sexo es como una partida de cartas: cuando no tienes una buena pareja, mas te vale tener una buena mano..."
Les advierto que los hechos y lugares aqui expresados son rigurosamente ciertos y que tan sólo se han modificado pequeños detalles para hacer un poco más amena la lectura de esta breve historia que comenzó el 19 de julio de 2010.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)