El mejor regalo

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No dejes nunca de sonreir por favor

miércoles, 21 de julio de 2010

Cásate conmigo

Suena el teléfono. Acabo de recibir un sms. Uno más, pienso yo. Sin embargo, comienzo a leer y no salgo de mi asombro al descifrar su contenido: "Te quiero, eres perfecto... ya te cambiaré. Cásate conmigo".

Pienso que todo esto debe ser una broma, logicamente. Lo leo varias veces y comienzo a asimilarlo poco a poco. La persona emisora de semejante misiva no es alguién desconocido para mi, de modo que tengo la posibilidad de contrastar la veracidad de semejante manifiesto. Mi contestación pretende alimentar la broma, pero su réplica es muy seria:"¿A ti te piden matrimonio todos los días?..."

¿Porque matrimonio? trato de averiguar. No lo entiendo. ¿Acaso es la panácea de algo que todavía no conozco? ¿es capaz de curar los pesares sentimentales? ¿o quizas es el remedio de la rutina, el aburrimiento o la desidia? Al contrario, creo que puede ser una de las más fuertes y arraigadas presiones sociales, que junto con un gran negocio a su alrededor, nos tratan de inyectar en vena desde que nacemos, año tras año hasta que tenemos la suficiente sinrazón, como para caer en la trampa del "si, quiero".

El caso es que la persona emisora del mensaje al ver mi extrañeza y mi falta de motivación al respecto, me pidió una respuesta a su solicitud de matrimonio y yo en un alarde de sentido del humor, ante esa situación, le pedi un plazo para contestarla que podía oscilar entre 24 horas y tres meses (sabiendo que con 24 horas tenía suficiente). Esa misma noche en la soledad de mi casa, quise aislarme de todo para reflexionar tranquilo. De manera que escribi el siguiente sms en mi teléfono para que la persona deseosa de cambiar su estado civil no interrumpiera mis conjeturas: "Vodafone le informa que el titular de este número se ha ido a comprar tabaco y no tiene previsto regresar. Le rogamos que no intente contactar con el. Gracias". El mensaje causó efecto, la destinataria sonrío al leerlo y además respeto mi aislamiento.

Al día siguiente, 24 horas después de la amenaza de matrimonio, ella se derrumba y me intenta convencer de que todo era una broma. Me dice que jamás me pediría ese compromiso a través de un sms y que además años atrás, también quisó tomar la iniciativa en este tema con otro hombre jurándose a si misma no volver a hacerlo jamás (pero yo se que la mujer, al igual que el hombre, es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra).

Siento una mezcla de alivio (porque no es el momento, ni el lugar apropiado) y decepción. Mi ingenuidad me había llevado a pensar que una de las mujeres que más me ha demostrado quererme, pretendía comprometerse conmigo para "siempre". Sin embargo, ella termina reculando y me hace saber que eso, o sea casarse, sería lo último en lo que estaba pensando.

Ambos sabemos que en el fondo de esta historia existía una petición de compromiso muy sería. Ambos también sabemos que todo tiene su tiempo y que el de ahora no es el más oportuno.

Mucho me temo que esta noche Vodafone, echará mano de una sentencia de Groucho Marx para informar a mi amante casadera que: "el sexo es como una partida de cartas: cuando no tienes una buena pareja, mas te vale tener una buena mano..."

Les advierto que los hechos y lugares aqui expresados son rigurosamente ciertos y que tan sólo se han modificado pequeños detalles para hacer un poco más amena la lectura de esta breve historia que comenzó el 19 de julio de 2010.