El mejor regalo

El mejor regalo
No dejes nunca de sonreir por favor

sábado, 12 de marzo de 2011

365 regalos

Cada año suele comenzar con los mismos propósitos y con alguno nuevo que se añade a la utópica lista que mentalmente rescatamos. Sin embargo, pocas veces caemos en la cuenta en el regalo que tenemos la suerte de disfrutar cada día. La rutina, la inercia, las prisas, los compromisos y otra serie de factores muy diversos nos hacen olvidarnos de lo fundamental. Cada día es un regalo. No es una frase hecha, es una realidad. El guión lo pones tu mismo y los acontecimientos que te vayan sucediendo, pero sobre todo tu actitud es decisiva para saborear cada día y exprimirle todo su jugo. Bien es cierto que nuestro entorno muchas veces condiciona nuestro presente, pero lejos de convertirse en un presunto obstáculo debemos pensar en el reto que supone superarlo. Claro que cuando estas metido de lleno en encontrar la salida a un problema, no te paras a pensar en lo atractivo que es superar las dificultades. Bastante tienes con mantener el equilibrio y seguir adelante ¿verdad? No obstante, cuando tomamos algo de distancia nos damos cuenta de lo diferentes que somos después de cada momento superado. Hemos crecido, hemos evolucionado y por tanto hemos cambiado.

Una de las peores cosas que le pueden decir a alguien es esa de; "¡pero bueno si estás igual que siempre, no has cambiado nada!". Pobrecito el que reciba ese supuesto halago. Implica haber estado hibernado por un tiempo indeterminado y eso a priori no creo que sea muy bueno, salvo que aspires a alcanzar la eterna juventud. No podemos ser iguales que el día anterior, sencillamente porque hemos vivido una serie de impactos emocionales que han modificado nuestra forma de pensar, sentir y relacionarnos con nuestro entorno. No estoy refiriéndome a nuestros principios o valores, que estos si que en la mayoría de las ocasiones permanecen inalterables y construyen la espina dorsal de cada uno de nosotros. A lo que me refiero es a la tremenda oportunidad que poseemos cada uno de nosotros, cada vez que amanece un nuevo día y tenemos la suerte de pintarlo con los colores que decidamos. Si somos conscientes de que tenemos una hoja en blanco entera a nuestra disposición, seremos conscientes de aprovechar al máximo cada momento y llegaremos al final del día con nuestro particular lienzo lleno de colores. A veces estos colores no estarán muy bien ordenados y no serán muy artísticos, pero son nuestros colores y nos hemos atrevido a plasmarlos y a vivirlos. Y todo ello hace que seamos distintos al día anterior.

Tenemos 365 regalos todos los años y apenas le concedemos el valor que poseen. Cada nochevieja deberíamos ser conscientes de ello y dar gracias por todo lo que hemos vivido y cambiado. No es malo cambiar y evolucionar, al contrario. Del mismo modo, cada nochevieja deberíamos hacer el firme propósito de seguir coloreando cada día con nuestra particular paleta de colores y pensar que las riendas de nuestra vida las llevamos nosotros y que es inútil echar balones fuera, cuando lo que procede es asumir nuestra responsabilidad en los aciertos y errores que cometemos a diario. 

365 regalos cada año, son muchos. Aprovechalos y vivelos. Felicidades!!     

jueves, 24 de febrero de 2011

Una velada perfecta

Nada podía salirnos mal. Ambos desbordábamos ilusión porque fuera una noche perfecta y lo conseguimos. Ambos necesitábamos demostrarnos a nosotros mismos que esa incuestionable química que percibimos en los primeros cafés compartidos no podía estar equivocada. Y vaya que si lo conseguimos. Desde el primer momento en que nos encontramos fuimos dándonos cuenta de que los puntos en común y el cosquilleo de nuestras miradas brotaban con facilidad. La noche comenzó con un largo paseo en coche al que también le sacamos partido gracias a que me hiciste ver que conducir en la oscuridad tiene su encanto y su misterio. Incluso que puede llegar a parecerse a un vuelo transoceánico nocturno sin farolas.

Por fin llegamos al lugar de la cena. Un lugar especial y diferente alejado del mundanal ruido. Había pocas mesas ocupadas, aunque realmente era lo de menos, porque para nosotros sólo tenía importancia estar pendiente el uno del otro y el resto (incluso los camareros) más bien parecía un bonito decorado a nuestro alrededor. La conversación fue muy agradable y sincera. Me aclaraste todas las pequeñas dudas acerca de la casualidad de nuestro reencuentro. Me demostraste un gran valor y honestidad al revelarme esos pequeños secretos que yo jamás hubiera adivinado. Todavía te sigo estando muy agradecido por ello. Compartimos risas, miradas cómplices y algunas confidencias mientras escuchábamos una lista de éxitos italianos de nuestra época adolescente, que el dueño del local tuvo el detalle de ponernos en el transcurso de la cena. Pero lo mejor de todo es que poco a poco me iba reafirmando en que mi intuición una vez más funcionó. Mi intuición, es una excelente arma que nunca me ha fallado y que me dijo cuando te vi por primera vez que tenías luz en la mirada y calor en la sonrisa. La misma intuición, cuando me llamaste pidiendo consejo financiero, quiso registrarte con el sobrenombre de “bombón” en mi agenda de teléfono. Y ella seguramente fue quién me animó a proponerte una invitación para tomar un café (aunque no te lo creas, casi nunca me atrevo a hacer una cosa así). Tu reacción me indicó que no podía equivocarme y gracias al cielo no me equivoqué. Pero volviendo a nuestra velada, una vez terminada la cena fuimos sintiéndonos cada vez más cómodos hasta el punto de que nuestras manos comenzaron a dedicarse pequeñas y tímidas caricias que presagiaban un fin de fiesta muy especial. Cada vez eran mayores las coincidencias, hasta el punto de que tanto en cine como en música compartíamos más de lo que nos imaginábamos.

Salimos sin prisas (como durante toda la noche) del local, aún sabiendo que estaban a punto de cambiar la música en el preciso instante en que saliéramos por la puerta. Después de un breve paseo en coche aterrizamos en un edificio hiperpijo, donde existe un local con música en directo que nos atrapó desde el mismo instante en el que cruzamos la puerta. Al ritmo de unas canciones que recordábamos muy bien, porque escribieron parte de nuestro pasado y siguen formando parte de nuestro presente, notábamos como la química de nuestros cuerpos crecía hasta el punto de que notábamos que estaba a punto de desbordarse. Y fue cuando te pregunté si deseabas que parese el mundo. Tu respondiste que si y entonces sucedió lo inevitable. Nuestros labios se tocaron en un primer beso en el que desee, sin éxito, parar el mundo. A partir de ahí el imán de nuestros cuerpos nos mantuvo entrelazados, mientras escuchábamos las canciones (muy bien interpretadas) y mientras saboreábamos nuestras copas de Cacique. No queríamos marcharnos, ni que terminara la noche nunca. Nuestras bocas siguieron conociéndose y saboreando el deseo cada vez con mayor intensidad. De no ser porque nos “echaron” del local quizás todavía seguiríamos allí.

Pero regresamos al coche y volvimos a compartir otro paseo nocturno flotando en la oscuridad y con buena música de fondo. Llegamos al fin de la velada mucho antes de lo que nos hubiera gustado y éramos incapaces de poner el punto y final. Ambos queríamos prolongar la noche, pero también ambos sabíamos que no debíamos ir más allá porque sería poner en peligro muchas cosas, entre otras, la posibilidad de seguir escribiendo páginas juntos, con la misma pasión, a la historia que acabábamos de iniciar esta misma semana. De manera que tras despedirnos unas veinticinco veces, aproximadamente, saliste del coche sin mirar atrás (bien hecho) firme y decidida en que el sueño había terminado, pero feliz por haber tocado el cielo con la punta de los dedos durante varias horas (que a los dos se nos hicieron segundos). Regrese a casa feliz y recordando cada uno de los momentos vividos. Regrese feliz porque tuve el privilegio de hacerte feliz esa noche y tu me regalaste lo mismo a mi. Regrese feliz porque ambos habíamos puesto mucha ilusión en esa noche y no nos equivocamos. Regrese feliz porque no defraudé tu valentía al lanzarte al vacío conmigo y averiguar si tu intuición y la mía hablaban el mismo lenguaje. Por eso al despertarme al día siguiente, cuando me miré al espejo, me encontré con una sonrisa especial que no se despegaba de mi rostro y que me recordaba a la tuya. Por eso también, Bruce Springsteen me acompaño mientras desayunaba y me duchaba. Y espero también que ese sea el motivo de la sonrisa que ahora llevo puesta en mi corazón. Espero y deseo volver a vivir contigo muchas más veladas perfectas como ésta que te he resumido (soy consciente de que se me ha podido escapar más de un detalle). Sea como sea y ocurra lo que ocurra, nadie puede quitarnos ya la magia que esa noche tuvimos el privilegio de compartir, ni la felicidad que fuimos capaces de regalamos. Gracias bombón.

Anoche soñé contigo

Hace pocas noches soñé otra vez contigo. Eso no es noticia, ya que tu siempre tienes la puerta abierta de par en par en mis sueños y como una niña caprichosa y curiosa la cruzas a tu antojo un día si y otro también. Pero en esta ocasión apareciste de un modo diferente. Te acompañaba una banda sonora de fondo. Y esa música te acunaba de tal modo que parecía que te hacía flotar. Con una sonrisa en el rostro y el brillo habitual de tus ojos en tu mirada, me tendiste tus manos y me animaste a levantarme. Sin apenas darme cuenta, me encontré abrazado a ti bailando con suaves movimientos lentos, la melodía que no dejaba de sonar. Fueron unos instantes deliciosos en los que volvimos a ser un solo cuerpo y un solo corazón. El mundo se detuvo por un espacio de tiempo que no puedo concretar, porque las agujas del reloj de mis sueños siempre se detienen cuando te ven aparecer. Fue un instante tan mágico y especial que quiero compartirlo contigo, a través de la banda sonora que escuchaban nuestros oídos mientras juntos girábamos sobre nosotros mismos al compás de la música. La canción que es la culpable de estas palabras es la número cuatro del CD que te regalo hoy. Hay otras canciones muy buenas también en este disco que merecen la pena escucharlas a tope en el coche, por ejemplo, mientras conduces y disfrutas dejándote llevar, pero fue la titulada "dime cuándo, cuándo, cuándo..." la que me hizo tocar el cielo con la punta de los dedos, sintiendo tu cuerpo y el olor de tu piel muy cerquita de mi.

Cicatrices en el corazón

Deberíamos sentirnos muy orgullosos de todas y cada una de las cicatrices que se pueden adivinar en nuestro corazón y me explico. Un corazón cosido por cicatrices es un corazón lleno de vida que ha acumulado muchas experiencias y que además la mayoría de ellas han hecho mella en su forma de ver y sentir la vida. Me gusta conocer y rodearme de personas que tienen sus corazones cosidos de cicatrices antes que hacerlo de personas con el corazón brillante e intacto de cualquier rasguño. Éstos últimos responden a un perfil de persona que se conforma con ver la vida pasar y que prefiere que otros manejen las riendas de su vida antes que tener el valor para atreverse a hacerlo ella misma. El dolor al igual que el amor nos transforma y nos va definiendo poco a poco. Por eso es normal que tras un hecho traumático (positivo o negativo) gente de nuestro entorno nos vea diferentes. Lo que vivimos si lo hacemos intensamente nos transforma y lógicamente nada de lo que suceda a partir de entonces puede ser igual que antes.

Como os podéis imaginar os hablo desde mi experiencia pero, como es lógico, no estoy en posesión de la verdad ni tampoco creo que sea ejemplo de nada y mucho menos creo estar capacitado para aconsejar a los demás. Lo que si creo es que los seres humanos estamos cortados por patrones comunes y respondemos a una serie de acontecimientos del mismo modo. Y lo que también puedo asegurar con conocimiento de causa es como se ha transformado mi vida en los últimos años y como he ido notando cambios en mi persona y por tanto en mi entorno. Como os decía antes, vivir situaciones emocionantes (por el dolor o por el amor) nos hace crecer y evolucionar. Si conseguimos vencer esas ganas de huir y escapar, es decir si de los obstáculos que nos encontramos en el camino, sabremos interpretar que tenemos una oportunidad para crecer y que no están ahí puestos (los obstáculos) por casualidad, entonces estaremos viviendo con intensidad y nos habremos ganado otra muesca en nuestro viejo y magullado corazón.

miércoles, 23 de febrero de 2011

El Tulipán blanco

Todas las mañanas Matías, el joven panadero, visitaba el jardín del palacio del gran Duque. Y después de dejar en las cocinas de palacio el pedido habitual compuesto por 20 barras de pan y otros tantos kilos de pasteles, se dirigía tan nervioso como contento a disfrutar del mejor momento del día. En el centro del jardín, muy próximo a una majestuosa fuente, se hallaba la joya del lugar, el Tulipán blanco. No sabía quién tuvo la excelente idea de haber sembrado su semilla pero jamás olvidaría el primer día en el que sus ojos contemplaron por primera vez la belleza de la flor.

Era una flor muy especial. Era bonita y diferente pero al mismo tiempo muy sencilla. Uno de los secretos de su hermosura radicaba en que no existía otra igual en toda la comarca. Además poseía una gran elegancia. El tulipán sabía buscar los rayos del sol con mucha delicadeza para que cada uno de sus preciosos pétalos se mantuviera con brillo. La flor era consciente de su belleza y le encantaba ser admirada y arrancar sonrisas al corazón de cada espectador que la contemplaba.

El joven panadero sentía una adoración hacia la flor que no tenia límite y cada día que pasaba notaba como iba creciendo su amor por ella. Por eso siempre que podía acudía a su encuentro después de cumplir con sus obligaciones. Cualquiera que observara la escena entre el joven y la flor se daba cuenta rápidamente de que nadie podía tratar con mas dulzura y delicadeza a ese precioso tulipán blanco que presidía el jardín. Era muy gratificante presenciar como le hablaba, le regaba y le leía pequeños relatos que se inventaba inspirado por el amor que nacía del interior de su joven corazón enamorado. El panadero sabía que el Tulipán jamás podría ser suyo, puesto que estaba dentro de los dominios del gran Duque. Pero también sabia que no podía renunciar a amar a aquella flor, porque sería tanto como pretender renunciar a vivir.

Matías era el único hijo de una humilde familia y ayudaba a sus padres trabajando a diario en la panadería que se había convertido en la mejor de toda la nación. La calidad de su pan era muy apreciada. Diariamente todos sus vecinos acudían a comprar su excelente pan recién hecho y su deliciosa bollería. También solían acudir los criados de los nobles de la región para comprar el pedido encargado por sus señores. El negocio era muy prospero pero también muy duro. Matías se levantaba todos los días a las seis de la mañana para encender el horno y comenzar a prepararlo todo, ya que a partir de las siete comenzaban a llegar los primeros clientes.

Una noche cuando el joven estaba a punto de acostarse, de repente le vino un pensamiento a su mente y lo entendió todo. Si quería que su querido Tulipán blanco continuara vivo y ofreciendo su mejor fragancia debía alejarse durante una larga temporada del jardín. El gran Duque era un hombre muy celoso con un corazón lleno de odio y envidia capaz de arrancar el Tulipán antes que compartirlo con nadie más. Eso era algo que Matías no podía consentir, ni seguramente soportar.

El gran Duque, que era coleccionista de objetos preciosos, estaba acostumbrado desde la cuna a satisfacer todos sus caprichos y se tomaba como una ofensa personal que alguien pudiera opinar y ni siquiera pensar de forma distinta a el. Además su ambición no tenía límites en la comarca, al igual que su obsesión por subir los impuestos al pueblo. Por ello no gozaba de ningún aprecio entre los ciudadanos, a pesar de que trataba de compensarles abriéndoles las puertas de su inmenso jardín para que pudieran pasear por el y disfrutar de su belleza.

Matías una vez tomada su decisión fue a despedirse del Tulipán una fría noche de primavera. Rieron y lloraron juntos sabiendo que iban a estar mucho tiempo separados, pero también sabían que quizás era lo mejor para los dos, puesto que no había otra alternativa. El joven acarició por última vez los suaves pétalos de terciopelo y le susurró en voz baja, “hasta siempre Tulipán”.

Pero después de cuatro días sin visitar al Tulipán, el dolor que sentía Matías en su corazón era tan profundo que regresó al jardín donde crecía la flor que le daba la vida. Aunque dudo un instante antes de entrar, su intuición le indicaba que debía hacerlo. Al joven casi se le para el corazón cuando comprobó con sus propios ojos que su Tulipán se marchitaba. Esa misma noche Matías le regaló todo su amor a través de su voz y sus caricias. El joven panadero regresó a casa agotado, pero feliz justo a la misma hora en que tenía que encender el horno y comenzar su jornada de trabajo. Y mientras estaba amaneciendo sucedió el milagro que todos los visitantes pudieron contemplar. Los habitantes de la comarca volvieron a admirar la belleza del tulipán feliz, gracias a las grandes dosis de cariño que había recibido durante la noche anterior.

Matías no quería que su flor volviera a marchitarse nunca más. Por eso acudía en secreto al encuentro con la flor y de manera furtiva a la luz de la luna, saltaba el grueso muro de piedra que delimitaba los jardines del Duque para poder regalarle todo el amor que le cabía dentro. Pero sucedió lo inevitable y una noche fueron sorprendidos por la guardia del Duque, justo mientras Matías le estaba susurrando un poema de amor a su amado Tulipán blanco. Toda la furia del Duque cayó sobre el joven. Aunque gracias a sus suplicas consiguió que no le cortaran el tallo al Tulipán y con ello salvarle la vida. Pero a cambio el joven panadero tuvo que pagar un precio demasiado alto. El Duque le castigo con el destierro.

Matías se despidió de sus padres con una profunda tristeza antes de emprender un largo viaje sin posibilidad de retorno. Ellos no comprendían donde estaba el delito cometido por su hijo para que el Duque le castigara con semejante dureza. El joven, antes de partir, también tenía que despedirse del Tulipán blanco, así que sin dudarlo acudió a su encuentro. La flor le regaló uno de sus elegantes pétalos y cuando Matías lo besó notó como le resbalaban lagrimas por su rostro. Una de ellas cayó sobre el tallo del Tulipán y quizás ese fue el motivo por el cual la flor jamás se volvió a marchitar.

El largo camino emprendido hacía ninguna parte por Matías, le permitió reflexionar mucho acerca de su destino. Trataba de imaginarse como sería la vida lejos de su Tulipán y le costaba mucho poder imaginarla. Pero su intuición le decía que no debía perder la esperanza en que el destino les uniría y que algo mágico sucedería para que sus almas permanecieran unidas para siempre. Con esa ilusión en su corazón el joven se enfrentó a una vida nueva. En ella nunca le faltó la sonrisa, porque nunca le faltó el aroma del pétalo más hermoso de su flor.

Una noche el Tulipán blanco, que cada día era más bello, se sumergió en un profundo y dulce sueño. Y soñó que estaba en otro jardín que aunque era mucho más pequeño, le hacía sentirse mucho más libre y en paz consigo misma, que en el fastuoso jardín del Duque. Además el joven panadero estaba también allí pendiente de que nada malo le sucediera y de que siempre a lo largo del día, tuviera algún motivo para sonreír y poder dar gracias a la vida. El tulipán también soñó que tenía brazos y piernas y que se fundía en el más tierno y puro de los abrazos con Matías. Y soñó que por fin podía disfrutar de un amor sin límites.

Esa misma noche, pero a muchos kilómetros de distancia, Matías también tuvo un sueño muy intenso. En su sueño, el se había convertido en una preciosa cometa multicolor y su Tulipán disfrutaba mucho llevando las riendas del hilo que le sujetaba. Poco a poco la cometa iba ganando metros, en una imparable ascensión y Matías se sentía dichoso gracias a la excitante sensación y el impresionante paisaje que podía divisar. Pero entonces un rayo de sol cegó a la flor y ella en un acto reflejo soltó la cuerda que los unía. Entonces la cometa subió y atravesó las nubes hasta perderse en la inmensidad del cielo azul. Y el Tulipán se quedó triste contemplando impotente desde tierra firme, como su querida cometa se perdía para siempre.

Una vez despierta y habiendo regresado al mundo terrenal el Tulipán comenzó a valorar lo privilegiada que era por todo el amor que había recibido. Y también se sentía responsable del efecto que era capaz de trasladar en su joven amigo. Tan sólo su presencia, su olor, su alegría, sus caricias o simplemente saber que ella era feliz, era suficiente para que el estado de ánimo de Matías le permitiera crear algo hermoso. El amor que sentía por ella mantenía vivo al joven y por eso Matías no le podía pedir nada más a la vida, excepto saber que su flor era feliz. Sólo de este modo su luz jamás se apagaría.

Pero los celos y el rencor del gran Duque crecían hasta el punto de que decidió hacer creer a todo el mundo que el joven panadero había muerto. La noticia no tardó en propagarse por todo el jardín hasta que fue conocida por el Tulipán blanco. El efecto fue fulminante sobre la flor y las sombras cayeron sobre su estado de ánimo. Sus raíces no absorbían alimento y sus pétalos se cansaron de buscar la luz del sol. El Duque se sentía muy poderoso y a pesar de ver triste al Tulipán no sentía la menor compasión por el. El estado de salud de la bella flor corrió como la pólvora y llegó a oídos de Matías quien preocupado por la salud de su Tulipán decidió enviarle una prueba de vida, para aliviar su sufrimiento.

Matías no encontraba el modo de demostrarle que continuaba con vida. Quería enviarla una prueba de vida y sabía que tenía que ser algo muy personal pero no acertaba a dar con la solución perfecta. Se evadió un instante cerró sus ojos y en pocos segundos dio con la mejor de las pruebas. Sacó de su mochila una pequeña cantimplora, vacío el agua que contenía en su garganta y a continuación introdujo en ella unas palabras suyas.

Entonces el joven le encargó a su fiel caballo la más importantes de las misiones que jamás había tenido; salvar la vida al Tulipán blanco. El caballo cabalgó cientos de kilómetros durante varios días hasta que consiguió llegar a los jardines del gran Duque. Allí, con la luna como único testigo de aquel momento, espero para estar a solas frente a la flor y arrojar la cantimplora al suelo. Y en ese instante fue cuando se abrió el tapón y se pudo escuchar claramente la voz de Matías: “Sigo vivo mi amor y mientras tu estés en este mundo yo siempre lo estaré”.

Desde aquel inolvidable suceso pasaron los días, las semanas y los meses y el Tulipán continuaba siempre radiante. El gran Duque no alcanzaba a entender los motivos de la recuperación de la flor. Y eso que algunos días tuvo que soportar un fuerte calor, otros intensas lluvias, incluso fríos casi polares y también algunos con vientos huracanados. Nadie fue capaz de encontrar la explicación a la espléndida belleza que cada día mostraba la flor. El gran Duque les encargó a los más grandes científicos del país que estudiaran el caso y no hallaron una explicación lógica alguna. Pero como la especie humana siempre necesita definirlo todo para intentar comprenderlo, los grandes sabios diagnosticaron que la flor estaba embrujada. “Si pero, embrujada de amor” – pensó el Tulipán – al escuchar semejante explicación.

En el destierro el joven Matías tuvo que vivir momentos muy difíciles. Gracias a su buena estrella y a su espíritu libre había sido capaz de vencer el castigo impuesto por la cólera del Duque. En su viaje visitó muchos lugares diferentes y conoció otros jardines con flores de aromas deliciosos que también se enamoraron con pasión del noble corazón del joven. Pero Matías era incapaz de corresponder como ellas pretendían al cariño que le regalaban, ya que era incapaz de olvidarse de su Tulipán blanco por la misma razón de que tampoco podía olvidarse de si mismo.

Los años fueron pasando y el aspecto del joven fue madurando hasta convertirse en un apuesto caballero, mientras tanto el Tulipán blanco seguía conservando todo su esplendor. Entonces sucedió que un mal día el caballero cayó enfermo y por ello se vio obligado a guardar cama durante varias semanas. Los momentos en los que la fiebre subía más, llegó a tener alucinaciones y en ellas apareció su flor para aliviar su dolor como no podía ser de otra manera. Sentía una suave brisa en su rostro y las caricias de los pétalos blancos de terciopelo del Tulipán que le hacían sonreír de forma instintiva.

La enfermedad de Matías se prolongó durante dos meses y le llegaba a trastornar de tal forma, que algunas noches cegado por el dolor llegó al punto de no importarle abandonar este mundo. Repasó toda su vida y se dio cuenta que había sido muy afortunado porque había tenido el privilegio de vivir un amor correspondido con su Tulipán. Aunque después soportara muchos años de destierro, supo darle sentido a sus días porque tenía el mejor de los motivos para comenzar el día con una sonrisa. Cada amanecer era diferente e irrepetible y había aprendido a disfrutarlo como si fuera el último que le regalaba la vida. Había sido capaz de tocar el cielo con la punta de los dedos con su flor y de conocer la gloria, algo que mucha gente no tenía la oportunidad de experimentar, así que no le podía tener miedo a la muerte.

Cuando Matías por fin estuvo completamente recuperado de aquella enfermedad, cerró los ojos con la misma intensidad que lo hacen los niños cuando piden un deseo frente a su tarta de cumpleaños. El sólo tenía un deseo que pedir, el único que ahora podía hacerle feliz. Quería volver a estar con su Tulipán, algún día, para poder cuidarlo el resto de su vida. Por eso lo deseo con toda su alma. Durante su largo peregrinaje por las ciudades que conoció el caballero, se ganó la confianza y el afecto de quién se preocupaba en conocerle, gracias a su honestidad ante la vida. Y a pesar de todas las experiencias que fue adquiriendo no pasó un solo día en que su Tulipán no acariciará sus sueños, llegando incluso a veces a escuchar como una voz en su interior le decía “pronto estaréis juntos en vuestro jardín prohibido”.

Mientras tanto en el jardín de palacio, al gran Duque los años le habían convertido en un anciano con carácter huraño y solitario. Los doctores que le atendían pronosticaron que el Duque moriría antes de un año. Así que atrincherado en la soledad de su jaula de oro, se acostumbró a ver la vida pasar como lo hace un espectador aburrido. Pero su obsesión sobre el Tulipán le llevó a tomar una última decisión antes de morir movido por el odio. Ordenó cortar la flor y arrojarla al río. No podía soportar que la belleza del tulipán perdurara año tras año, mientras que sus propios huesos se iban desgastando avisándole de que su final estaba muy cercano. No, no podía permitir que la flor viviera más que su dueño y gran señor. Los habitantes de la aldea se rebelaron contra la malvada sentencia del Duque, porque no lograban entender una condena a muerte por el delito de brillar por su belleza. Pero finalmente llegó el día del juicio y la guardia del Duque ejecutó la orden sin piedad.

A muchos kilómetros de distancia del palacio del Duque un escalofrío recorrió el cuerpo de Matías, justo cuando se encontraba en el puerto preparándose para zarpar a alta mar con la intención de pasar una buena temporada pescando. La sensación que sintió fue tan intensa que su intuición le dijo que algo grave había sucedido. Pero Matías continúo adelante con sus planes y junto con el resto de la tripulación salió del puerto con la compañía de un numeroso grupo de gaviotas que decidió escoltar la embarcación durante los primeros kilómetros de viaje.

No se recordaba un día más triste en la aldea que aquel en el que el Duque decidió separar de la tierra a la flor más bella jamás vista en ese lugar. Casi todos los habitantes quisieron dejar durante unos minutos sus obligaciones, para poder vivir el momento en el que la guardia del Duque, por orden inquebrantable de éste, arrojaba al río al Tulipán para que sus pétalos se perdieran para siempre y fuesen a perderse en el mar. En las orillas del río dos guardias a caballo custodiaron el último viaje de la flor hasta la desembocadura al mar, con la intención de evitar que nadie pudiera rescatarla de las aguas.

El agua mantenía con vida al Tulipán y gracias a ello tuvo la suerte de disfrutar de aquel extraño pero interesante viaje a través del río cuyo color era verde intenso, más conocido como río esmeralda. En aquella aventura la flor, que siempre había estado anclada a los mismos paisajes, salvo en sus sueños, pudo contemplar muy diferentes especies de árboles y de flores. Muchos animales que la flor desconocía también se acercaron para acompañarla. Conejos, ranas, castores, mirlos, incluso águilas y un travieso cervatillo quisieron comprobar que la fama de la belleza del Tulipán era totalmente merecida. El Tulipán lejos de sentir miedo comenzó a sentirse aliviado por escapar del jardín del Duque y poder vivir la aventura de seguir la corriente del río.

A la caída de la noche el capitán del barco en el que viajaba Matías, comenzó a ponerse muy nervioso por el estado del mar. Se desató una gran tormenta y con ella un gran oleaje golpeó el casco del barco con tanta fuerza que Matías regresó de su particular viaje mientras contemplaba embelesado a la Osa Mayor. Le estaba pidiendo a las estrellas, tal y como venía haciendo cada noche desde los últimos años, que protegieran y cuidaran a su querida flor. Pero la bravura y la furia del mar quedó patente cuando el mástil mayor se quebró por completo, al recibir el golpe de una ola de unos cinco metros de altura. En ese instante, toda la tripulación supo que se enfrentaban a un inevitable naufragio.

El Tulipán continuaba su largo viaje sin paradas por el curso del río. Y durante la noche le dio tiempo a descubrir nuevas estrellas, en las que nunca había reparado desde el jardín donde había pasado toda su existencia. Se quedó admirando una constelación con forma de carro y pudo observar con claridad un cierto parpadeo de los astros que formaban aquella bonita figura. Ella interpretó esas señales como un guiño que le estaba haciendo la vida y entonces vino a su memoria el rostro de Matías.

A la mañana siguiente el mar mostraba su cara más apacible, de manera que tan sólo se percibía una suave brisa. Un pequeño bote salvavidas de madera rompía la silueta del horizonte. Esparcidos por el océano quedaron los restos de la embarcación pesquera en la que con tanta ilusión había zarpado Matías. Una gaviota se posó en la balsa que estaba a la deriva, al tiempo que emitió un sonoro graznido despertando al único pasajero que viajaba en ella. Lo primero que percibió el naufragó Matías al recobrar el sentido fue que le dolían todos los músculos del cuerpo. A continuación el brillo de los rayos del sol le cegaron por completo. Además los golpes recibidos en la feroz lucha con el mar, le habían provocado una leve perdida de memoria y por ese motivo no recordaba que estaba haciendo allí. De rodillas en la balsa, Matías, miró hacia todos los lados observando la inmensidad del océano y comenzó a llorar desconsoladamente.

En ese momento le pidió al cielo una explicación por su mala fortuna. Jadeaba mientras maldecía al mundo por abandonarle a su suerte y tenerle preparado un destino tan cruel. Aquel hombre pensaba que ni el más ruin de los mortales merecía estar allí a la espera de que la fatiga, el hambre o la sed acabarán con su vida. Miró al cielo y gritó: “¡Si es verdad que existes dame una prueba de ello y si no es así no me pidas más que confíe en ti!” – fueron las palabras que brotaron de sus labios ante semejante estado de desesperación sin darse apenas cuenta. Pero luego reparó en que el hecho de poder estar vivo en semejantes condiciones era la mejor de las pruebas. Y fue a continuación cuando algo realmente mágico y especial sucedió. Aquel hombre desencantado de la vida sintió un golpe en su corazón cuando divisó a pocos metros de distancia, una pequeña luz que venía a chocarse contra la balsa. Cuando se incorporó para observar lo que venía a su encuentro, pudo sentir como una corriente de enorme felicidad recorrió todo su cuerpo. “Mi Tulipán blanco,... ¿eres tu?” – fue lo único que acertó a decir, mientras estiraba la mano para recuperar de las aguas a su flor. Entonces en su rostro las lágrimas de rabia, se transformaron en lágrimas de alegría.

La vida había querido que tanto Matías como el Tulipán superaran duras pruebas durante los años en los que estuvieron físicamente separados, pero también el destino quiso premiar la fuerza de la pureza de su amor con aquel reencuentro. Matías recobró toda su memoria, desde el momento en que sus doloridos ojos divisaron a la flor. A partir de entonces jamás tuvo dudas acerca de quién era, así como tampoco volvió a atreverse a dudar de la existencia de un ser superior que les protegía.

Afortunadamente un barco guardacostas remolcó a Matías y al Tulipán hasta tierra firme y una vez allí comenzaron una nueva vida. Matías construyó una pequeña granja con tanto esfuerzo como ilusión. La luz y el entusiasmo que le daba poder contemplar a su querida flor hacía que cualquier obstáculo o contratiempo que se le presentaba fuera fácil de vencer. Y así fue como pasaron el resto de sus vidas.

Matías sólo vivía para que su adorado Tulipán fuera feliz en el pequeño jardín que ahora tenían. Y la flor por fin sentía que ahora estaba en su verdadero hogar. Además podía disfrutar de pequeños privilegios, tales como el de poder volar cometas junto con Matías, todos los días en los que el viento y el cielo se lo permitían.

Pedro García Gallego

La sonrisa

Santi era un niño triste porque no sabía sonreír.

Sin embargo tenía unos padres que le querían mucho, pero la verdad es que desde que nació nunca se vio en su cara una sonrisa. Era una lástima. Sus papás, como es lógico, estaban un poco preocupados;

- ¿Qué podemos hacer para que nuestro hijo sonría un poco?

Lo habían probado todo. Cada cumpleaños de Santi, que ya tenía 5 años, se organizaba una fiesta estupenda en su casa. Venían payasos con los que te podías tronchar de la risa, venían muchos amigos que le traían regalos, venían sus primos, sus tíos, sus abuelos y por supuesto siempre estaban sus papás. Se encargaban las tartas y pasteles más deliciosos de toda la ciudad. Pero Santi seguía sin sonreír y sus ojitos tenían la misma mirada triste de siempre. El año pasado los papás de Santi, en su último cumpleaños, organizaron un espectáculo de fuegos artificiales en el jardín de su casa que fue la envidia de todos los niños del barrio, pero Santi seguía sin sonreír.

Un día los papás de Santi le llevaron la médico y le explicaron el problema que tenían. Pero el doctor les dijo que a Santi no le pasaba nada y que por supuesto no tenía nada dentro de la boca que le impidiera sonreír - como creía la abuela de Santi – Aún así como los papás de Santi insistían mucho el médico les recetó unas pastillas que en realidad eran unos riquísimos caramelos con sabor a mermelada de higos.

Un buen día Santi se levantó para comenzar un nuevo curso en su colegio. Tenía mucho sueño pero ayudó a su mamá a vestirse y desayunar para no llegar tarde el primer día.

Cuando llegaron al colegio la profesora de Santi le recibió con un beso y le acompaño a sentarse a la mesa junto con sus amigos. El colé era muy divertido pero a Santi no se le vio nunca sonreír.

Un buen día estando Santi en el patio sentado jugando con su colección de canicas, se acercó una niña a la que nunca había visto que se llamaba Sandra y que también tenía 5 años. Sandra tenía un pelo largo de color castaño y unos ojos grandes de color negro preciosos. Pero lo que le hacía más especial a Sandra era su capacidad para sonreír muchas veces al cabo del día.

Cuando Sandra se sentó en frente de Santi, éste dejó de jugar y protegió con sus manos todas las canicas en un gesto muy propio de todos los niños de su edad. Poco después al ver que Sandra seguía allí delante de el sin moverse, el niño eligió una de sus canicas, precisamente la que más le gustaba, que era de colores azules y verdes y que brillaba muchísimo cuando le daba la luz del sol. Santi no lo dudó un momento miró a Sandra y le extendió su mano ofreciéndole la canica que acababa de elegir.

Entonces fue cuando en la cara de Sandra apareció la más bonita de las sonrisas que nunca jamás Santi había visto. Era una sonrisa enorme, cálida y muy sincera. Además cuando Sandra sonreía lo hacía no sólo con la boca, sino que en sus enormes ojos también se desprendía el calor de esa sonrisa. Se podía decir que cuando Sandra sonreía todo su alrededor se iluminaba. Y fue en ese preciso momento cuando sucedió el milagro que tanto deseaba Santi. La expresión de la cara de Sandra contagió a la de su amigo Santi y éste consiguió por fin sonreír.

Los dos niños se quedaron un rato en silencio hasta que Sandra dijo:

- ¡Santi estas sonriendo!

Y entonces Santi se toco la cara y al comprobar que era cierto le entró un ataque de risa muy grande que llamó la atención de todos sus amigos y también de su profesora.

Cuando los papás de Santi fueron a recogerle al colé ese mismo día, Santi salió de su clase corriendo con una enorme sonrisa en su cara. Su mamá al verle se cayó de culo y el papá se quedo con la boca muy abierta, tanto que casi se le mete una mosca dentro. Cuando se recuperaron del susto los papás de Santi lo abrazaron muy fuerte y le preguntaron que había ocurrido de especial durante ese día para que hubiese aprendido a sonreír. Santi sin quitarse la sonrisa de la cara simplemente dijo:

- ¡¡¡ Sandra !!!

La profesora les explico a los padres de Santi que hoy había venido a clase una niña nueva que se llamaba Sandra y que ella le había enseñado a sonreír. A partir de ese día Santi y Sandra fueron muy buenos amigos casi nunca se separaban y siempre se les podía ver muy contentos cuando estaban juntos.

Pasaron los años y cuando los niños cumplieron ocho años, Sandra regresó con sus papás a la isla donde ella nació y ya no volvieron a encontrarse al curso siguiente. Fue cuando los papás de Santi tuvieron miedo de que su hijo, de repente, no volviera a sonreír nunca más después de que su amiga y maestra en el arte de la sonrisa se hubiera marchado para siempre.

Pero no fue así, porque Sandra le había enseñado a sonreír siempre que su corazón se lo pida. Ella sonrió cuando Santi le ofreció una canica sin pedir nada a cambio, pero Sandra le regaló la mejor de sus sonrisas que Santi guardó en su memoria para el resto de su vida. Y aunque echaba mucho de menos a su amiguita Sandra, cada vez que Santi quería sonreír sin tener un motivo especial para hacerlo, sólo tenía que cerrar los ojos muy fuertes e imaginarse el rostro de Sandra con una enorme sonrisa y entonces… el milagro volvía a suceder y Santi conseguía sonreír de nuevo.

Y de esta forma fue como Sandra, casi sin quererlo, le hizo un regalo muy especial a su amigo Santi que le duró el resto de su vida.

Pedro García Gallego

Un sombrero muy elegante

Nicanor era un hombre como cualquier otro. Siempre parecía tener mucha prisa y estar muy ocupado. Todos los días salía de casa para ir al trabajo después de tomarse un buen vaso de zumo de naranja y cuatro magdalenas. Cuando salía a la calle casi nadie se fijaba en el, incluso cuando viajaba en autobús y estaba lleno tenía la sensación de ser invisible. Mas de una vez, incluso, le habían llegado a pisar un pie sin ni siquiera pedirle perdón por ello. Por eso Nicanor estaba convencido de ser invisible ante los ojos de los demás.

Cuando llegaba a su puesto de trabajo en la oficina de correos, del centro de la ciudad, tampoco conseguía llamar la atención de nadie. Y eso que era una persona muy amable que disfrutaba con lo que hacía. Quizás para la gran mayoría de las personas poner sellos a las cartas, después de pesarlas y echarlas al buzón no era algo muy apasionante, pero a Nicanor le parecía el mejor trabajo del mundo. Sabía que gracias a lo que hacía, muchas personas conseguían estar comunicadas y se sentía especial por ello. Cuando más disfrutaba Nicanor era enviando paquetes. Aquello requería un tratamiento muy especial porque entonces el debía preguntar si había algo frágil en su interior y cual era el lugar de destino del paquete. Y a continuación comenzaba el proceso de preparación del paquete, que era todo un arte que Nicanor realizaba con una gran maestría, hasta que lo dejaba listo para introducirlo en el camión de reparto.

De todos modos Nicanor se sentía muy a menudo transparente y eso que no era ni muy alto ni tampoco muy bajo, sencillamente era de tamaño medio. Así que un buen día después de concluir su jornada de trabajo se dirigió a una tienda de sombreros de su barrio y muy decidido le dijo a Basilio, el dependiente: “Quiero un sombrero elegante”. Inmediatamente Basilio le sacó los más bonitos que tenía en la tienda. Los había de todos los tamaños y formas, pero el que más le gusto a Nicanor fue un distinguido sobrero de copa de terciopelo negro. No se lo pensó dos veces y se lo compró.

Al día siguiente salió a la calle con la ropa que habitualmente utilizaba para ir a trabajar, exceptuando el precioso sombrero de copa que lucía en su cabeza. Nada más cruzar el portal de su casa vinieron los primeros elogios de Ruperto, que era el portero de su casa. “Que tenga muy buen día Don Nicanor” - “Muchas gracias Don Ruperto”, respondió el. Nunca le había llamado nadie “Don Nicanor” y mucho menos el portero de su casa, así que pensó que el sombrero era mágico. Efectivamente lo era, porque nunca se había sentido tan observado como aquel día. No alcanzaba a entender como la gente reparaba tanto en el, gracias a su sombrero, si el era la misma persona de todos los días. Ahora las personas que se cruzaban con el le trataban con más amabilidad y cortesía que antes. Incluso dentro del autobús había gente que quería cederle su asiento para que fuera más cómodo. Y en el trabajo había clientes de la oficina de correos que sólo querían que les atendiera “Don Nicanor”. Después de siete días seguidos usando el sombrero llegó a la conclusión de que la gente le daba más importancia a la ropa y los sombreros que llevamos puestos que a lo que hay dentro de esas ropas o debajo de los sombreros. El seguía siendo la misma persona, pero sin embargo todo su entorno se había transformado por el misterioso efecto de un mágico y elegante sombrero de copa.

Nicanor no estaba cómodo. Harto del comportamiento de la gente, que sólo quería relacionarse con alguien que llevara un elegante sombrero de copa sin importarle mucho quién lo llevara puesto, decidió guardar el sombrero en su armario y salir al día siguiente a la calle sin el. Había necesitado el sombrero para que la gente se fijara en el y pudieran darse cuenta de que había un ser humano debajo que era capaz de reír, llorar, cantar y gritar. Así que nunca más, salvo algún día muy especial, volvió a utilizar el sombrero (aunque siempre le tuvo mucho cariño). Lo curioso de esta historia fue que todos los días a partir de entonces, Ruperto, el portero de su casa, cada vez que se lo encontraba en el portal siempre le llamó “Don Nicanor” sin importarle que su cabeza estuviera cubierta por un sombrero de copa. Y quizás gracias a ello, o quizás no, Nicanor jamás volvió a sentirse transparente y mucho menos invisible, cada vez que salía a la calle.

Pedro García Gallego

El gorro de Papá Noel

Era una noche muy importante. Seguramente la más importante de todas para Papa Noel. Todo estaba preparado en su trineo. Los renos estaban atados y preparados para el largo y fantástico viaje. Los regalos de todos los tamaños y formas se encontraban empaquetados y ya estaban cargados en la parte de atrás del trineo. Papa Noel miro la hora de su reloj y dijo en voz alta: “Todo listo, es la hora de partir”. Dicho esto, justo cuando Papa Noel estaba cerrando la puerta de su casa, para montarse en el trineo, una fuerte ventisca le golpeó el rostro y le quito el gorro que llevaba sobre su cabeza, llevándoselo muy lejos hasta perderse entre la espesura del bosque. Papa Noel se quedó helado y no sólo porque hacía un frío tan grande que hasta los renos llevaban bufanda, sino porque nunca salía de casa sin su gorro y ahora se encontraba perdido.

Tenía que hacer algo antes de que fuera demasiado tarde. Era muy importante no demorar por más tiempo la salida puesto que había que realizar muchos repartos y ningún niño podía quedarse sin sus juguetes. Cada segundo tenía mucha importancia, pero Papa Noel estaba tan desorientado que no sabía que hacer en esta ocasión. En ese momento miró al cielo buscando una respuesta y fue entonces cuando le pareció ver el dibujo del rostro de un niño sonriendo en las nubes, que en esa fría noche iluminaba una preciosa luna llena. En ese momento Papa Noel reaccionó y de un salto se montó en su trineo y de un fuerte grito les dijo a sus renos, “¡Adelante amigos, empieza el viaje, Ho, Ho, Ho!”

Fue una noche larga y muy especial, como siempre lo era la noche de Navidad de todos los años anteriores. Pero en esta ocasión Papa Noel hizo su reparto de ilusión y alegría sin llevar cubierta la cabeza y por eso pasó mucho más frío que nunca. Justo un minuto antes de amanecer, Papa Noel dejó el último de los juguetes que le quedaba en el trineo en última casa de su particular viaje. Cuando aterrizó el trineo en su casa, Papa Noel, estaba agotado pero muy feliz, una año más millones de niños serían muy felices al ver cumplidos sus sueños. Cuando se dirigió a la puerta de su casa de repente se dio cuanta que había colgado algo de color rojo del picaporte de la puerta. Y la sonrisa franca y amable de Papa Noel se fue haciendo poco a poco más grande cuando descubrió que se trataba de su gorro. De forma mágica el gorro había vuelto de nuevo a su lugar de origen, pero había algo en su interior que hacía que el gorro no dejara de moverse. Papa Noel cogió el gorro con cuidado, miró en su interior y se encontró con un pequeño cachorro de San Bernardo. Unas lágrimas de alegría cayeron por el rostro de Papa Noel y sólo se dio cuenta de que estaba llorando cuando el pequeño cachorro, que sostenía sobre sus manos, lamió las lágrimas que resbalaban por su mejilla.

Y colorín colorado el gorro a Papa Noel volvió a su lado, porque un nuevo amigo suyo lo había recuperado.

Pedro García Gallego

Un señor bajito que decidió ser grande

Crispín estaba cansado de ser tan bajito. Estaba convencido que hoy también en algún momento del día alguien, a sus espaldas comentaría en voz alta que nunca había visto a nadie tan bajito. Esta vez ocurrió en la frutería, justo cuando Crispín se había encaramado a una enorme sandía para decirle al frutero que le pusiera un par de cerezas, puesto que no podía cargar con nada más. Entonces fue cuando una señora muy gorda estuvo a punto de aplastarle de un manotazo confundida al pensar que se trataba de un insecto. “Aaaaaaaaaaaaaaaaaalto !!!!” - gritó Crispín y a la señora casi le da un soponcio. Tomás el frutero entre risas le dijo a Crispín – “me he quedado sin una clienta, que no creo que vuelva nunca más por aquí, pero me alegro de que hayas salvado la vida Crispín.”

Así no se podía vivir, siempre había que estar alerta. Era el precio que había que pagar por tener el mismo tamaño de una taza de café. De manera que Crispín, un domingo por la mañana, se levanto con una sola idea en la cabeza. Había tomado la decisión de ser grande, muy grande. Y así salió esa mañana temprano a la calle, con la sensación de ser muy grande y dominarlo todo desde lo alto.

Pero en su camino se tropezó con la cucaracha Camila que además de acento argentino tenía muy malas pulgas:

“Que haces con esa sonrisa estúpida que llevas pintada en el rostro Crispín” – dijo Camila – “No me notas diferente, acaso no te das cuenta de lo grande que soy” - replico Crispín– “deja de decir boludeces y ten cuidado con la alcantarilla que tienes delante, sino quieres caerte dentro” - le contesto Camila. Crispín a punto estuvo de caerse dentro de la alcantarilla, pero continúo su camino convencido de su “gran” tamaño.

Poco después apareció un ratoncito con acento francés llamado Nicolás que era un tipo muy optimista y que siempre estaba de muy buen humor:

- “Que contento se te ve hoy Crispín, te noto diferente” – dijo Nicolás – “lo sabia Nicolás !! sólo un olfato fino y exquisito como el tuyo es capaz de darse cuenta de los cambios que suceden a su alrededor” – contesto Crispín.

- “Pues claro que si, mon petit amigo. Hoy me parece que si te quisieras subir a la Torre Effeil lo harías seguro” – dijo el ratón. - “Tu lo has dicho Nicolás hoy me siento tan grande como la Torre Effeil” – concluyo Crispín.

- “Y porque quieres ser tan grande mon petit amigo?” – pregunto Nicolás.

- “Pues para poder coger un taxi como todo el mundo, por ejemplo” - respondió Crispín.

- “ Pero eso no es posible mon petit amigo, ningún taxi va a parar si no te ve antes que le llamas” – le replico el ratón.

- “¿Donde esta ese ratón alegre y valiente que se atreve con todo que un día conocí en el museo del Louvre? Sólo necesito tener mucha fe en conseguirlo y que me prestes un globo rojo de los que les regalas a tus hijos a menudo” – rebatió de nuevo Crispín.

– “Oh la lá, eso esta hecho. Estas loco, pero me encanta tu forma de ser mi querido Crispín” - dijo Nicolás.

Con un globo rojo en las manos bien hinchado gracias a los pulmones del gato callejero Serafín que, al contrario de lo que pensaba la gente, era el mejor amigo del ratón Nicolás el intrépido Crispín estaba preparado para la gran misión de no ser porque estaba pegado al suelo por culpa de un chicle que alguna persona había tirado al suelo.

Fue necesaria la ayuda de toda una familia de hormigas formada por 58 miembros para poder despegarle los pies del suelo. Y justo en ese instante fue en el que vio a lo lejos que se acercaba un taxi. Entonces Nicolás cerró los ojos y le dio una cariñosa patada en el culo, a su amigo para elevarle del suelo y que comenzara a ganar altura.

Así fue como Crispín con cara de susto fue subiendo centímetro a centímetro sujeto al globo rojo hasta encontrarse a la misma altura del taxi. Entonces el taxista pensó que se trataba de un nuevo semáforo y frenó al instante. Ese momento lo aprovecho Crispin para soltarse del globo, caer en el retrovisor del coche y lograr entrar por la ventanilla que se encontraba bajada:

- “Buenas tardes – dijo Crispín - quería ir a dar un paseo señor taxista, es la primera vez que me subo a un taxi y no me importa donde me lleve, con tal de que estemos de vuelta para la hora de comer”. Dijo emocionado por la situación Crispín.

El taxista no salía de su asombro. En 25 años de profesión nunca le había ocurrido nada igual. Se pellizcó la mejilla para comprobar que estaba despierto y sólo acertó a decir con voz muy bajita:

- “El cliente siempre tiene razón, así que adelante”.

Encendió el motor del coche y comenzó el paseo de Crispin que saludo desde el salpicadero del coche a su amigo Nicolás que no paraba de dar saltos de alegría entusiasmado y a la incrédula cucaracha Camila que se quedó boquiabierta mascullando entre dientes; “que bueno que lo lograste Crispín”.

Pedro García Gallego

El árbol de Navidad

Todo sucedió en el interior de una tienda de abetos. Era un frío día de invierno cuando don Sebastián acompañado de su hijo Alex se entretenían en el interior de la tienda de árboles navideños sin terminar de decidir cual de ellos adornaría el elegante salón de su casa. Don Sebastián era el director del único banco donde todos los habitantes de la ciudad depositaban su dinero y por ello gozaba de un gran respeto por parte de todos los vecinos. Además a don Sebastián le entusiasmaban los halagos que le hacía la gente y sentirse el centro de atención allá por donde iba. Su hijo Alex era todo lo contrario a su padre. No le gustaba nada que la gente estuviese pendiente de el y siempre trataba siempre de pasar desapercibido. Sabía disfrutar de la soledad en el interior de su habitación con un libro en las manos, su colección de cromos favorita o simplemente escuchando música.

“Vamos Alexander, elige un abeto y vamonos de aquí que no tenemos todo el día” – dijo don Sebastián, que siempre daba la sensación de tener mucha prisa – “¿puedo escoger el que yo quiera Papá?” – preguntó Alex. “Por supuesto Alexander, que cosas tienes, eso ya te lo había prometido. Además aquí tienen árboles preciosos” - contestó su padre.

Don Sebastián le preguntó al dueño de la tienda, el señor semillas, cual era el árbol más caro de todos los que tenía. Y entonces éste le señaló un abeto que tenía dos metros de altura y que ya estaba adornado con las mejores guirnaldas y bolas de colores de todos los tamaños y colores. El dueño de la tienda, le susurró al oído el precio del árbol para que no lo escuchara nadie más, pero don Sebastián no pudo controlarse y gritó - “¡¡99 euros!! ¿Pero, se ha vuelto usted loco?”. A pesar de que tenía mucho más dinero del que jamás podría llegar a gastarse, al papá de Alex le encantaba regatear en las tiendas, para que le rebajarán el precio de las cosas aunque finalmente acabara pagando lo que le venía en gana, - “para algo soy el director del banco” - pensaba el.

Sin embargo, Alex estaba frente a un abeto con las ramas peladas, es decir sin apenas hojas en sus ramas. Ese árbol tenía un aspecto muy triste incluso parecía estar enfermo y no era mucho más alto de lo que era el propio niño, o sea que media un metro y medio más o menos. Desde que lo vio Alex lo tuvo claro y dijo en voz alta: “este es el árbol perfecto que necesitamos en casa”. Pero su padre ni siquiera le escucho, como de costumbre. El señor semillas si que dio cuenta de la elección de Alex y le dijo - “ese lo tengo de oferta y te lo puedo dejar en 5 euros para ti”. A continuación Alex tiro de la corbata a su padre y éste por fin le prestó atención - “¿Papá, por favor, me puedes dar 5 euros?” – dijo Alex – “¿pero que te pasa ahora? Ya te he dicho que los cromos te los compraré luego, primero hemos de elegir el árbol de navidad, así que date prisa” – dijo don Sebastián - “No, no quiero cromos papá, ya he elegido mi árbol y es ese de allí – contestó Alex señalando con su dedo índice de la mano derecha, aquel abeto tan débil y de aspecto enfermizo.

A don Sebastián casi le dio un soponcio dentro de la tienda, pero le había prometido a Alex que llevarían a casa aquel árbol que más le gustara y el gusto del niño quiso fijarse en el abeto más desvalido y abandonado de toda la tienda. Durante todo el camino de vuelta a casa, don Sebastián no paró de mascullar entre dientes frases que apenas podía oír Alex, algo así como; “si no lo veo no lo creo” o “¿a quién habrá salido este niño?” y otras cosas raras parecidas.

Una vez que el árbol estuvo en el centro del salón de la casa de Alex, el niño se sintió muy feliz y esa misma noche hizo la firme promesa de cuidarlo mucho. Y así fue, como 15 días más tarde (justo el día de Reyes) aquel abeto comenzó a tener todas las ramas repletas de hojas y flores de diferentes colores. Era un caso extraordinario, ya que jamás se había visto nunca un abeto tan florido como aquel. Incluso su tamaño había crecido medio metro más. Así que cuando don Sebastián se dio cuenta de la transformación del árbol de navidad que presidía el salón se quedó boquiabierto y fue en busca de su hijo Alex - “Hijo mío me puedes explicar que magia has utilizado con el abeto. ¿O acaso es que lo has cambiado por otro mucho más bonito de la tienda?” – dijo don Sebastián – “ no papá, nunca se me ocurriría cambiar al árbol que elegí en la tienda. La única magia ha sido la de cuidarle mucho. Todas las noches lo he regado y por las mañanas le contaba mis cuentos favoritos, pero lo que más le gusta de todo, es que le de muchos abrazos. Eso le encanta”.

Y así fue como el papá de Alex, don Sebastián, director del banco y un personaje muy importante de la ciudad aprendió una gran lección gracias a su hijo. El árbol elegido por Alex era bello desde el principio y tan sólo necesitaba que alguien se diera cuenta de ello y le tratará con un poco de amor. En el momento en el que fue tratado con cariño el abeto lo percibió y descubrió su verdadera belleza ante los demás. Alex con sólo 9 años, tenía la facultad de ver esas cosas con facilidad, pero la mayoría de las personas (como su padre por ejemplo) que le rodeaban miraban a su alrededor y sin embargo no alcanzaban a ver lo que tenían en frente.

Pedro García Gallego

La palomirta de maíz

Esta es la historia de Marilyn, una valiente y divertida palomita de maíz que vivía cada momento de su existencia como si fuera el último. A ella le resultaba muy emocionante no saber las sorpresas que le reservaba cada nuevo día y por ello los aprovechaba al máximo. Se trataba de una palomita gorda y de un color tan blanco como lo es el del algodón. Además Marilyn tenía el olor inconfundible del maíz frito, tan característico de este delicioso manjar. En definitiva tenía un aspecto realmente apetitoso. Por todo ello, el riesgo de terminar siendo masticada en la boca de alguien era muy alto y sabia que para poder evitarlo no debía relajarse ni un sólo instante.

Tan sólo había una cosa que le gustará más a Marilyn que una buena película y era recibir una buena ducha de sal, antes de que la introdujeran dentro de un cucurucho. Sentir como caían sobre ella los pequeños granitos de sal era uno de los mejores momentos del día, porque era lo más parecido a maquillarse y ponerse guapa para ir de fiesta al mayor espectáculo del mundo. O sea, al cine.

Y es que nuestra amiga, la palomita de maíz, vivía en un cine a la afueras de la ciudad y tenía una especial habilidad que la hacía diferente al resto de sus compañeras. Y es que Marilyn una vez dentro de un cucurucho lleno de unas cuantas sabrosas palomitas como ella, era capaz de aguantar hasta el final de la película vivita y coleando. Eso sí, sabía que debía renunciar a ver el final de la película si quería conservar su preciosa figura. Ya que cuando el cucurucho estaba a punto de quedarse vacío, Marilyn, como por arte de magia se escondía en el fondo de este artilugio, sin que ninguna mano distraída consiguiera atraparla. Esta era la parte más peligrosa de todas. Y así, de este modo, había sido capaz de ver el comienzo de más de cincuenta películas distintas en los últimos dos años.

Lo más complicado era lo de volver a la maquina de hacer palomitas para estar lista al día siguiente y tener la oportunidad de disfrutar de una nueva sesión de cine gratis. Para ello Marilyn debía esperar a que el cine cerrara sus puertas al público. Y que el personal de limpieza del cine retirara todas las palomitas pisoteadas y malheridas en la batalla, que estaban atrapadas entre las butacas y en el suelo de la sala del cine. Era entonces cuando sucedía lo verdaderamente mágico. En esos momentos, la simpática palomita de maíz, al grito de ¡¡Casablanca!! convocaba a todas las demás palomitas que quisieran disfrutar de un pase privado en la sala de cine. Ahora ya podían disfrutar viendo la película completa, en una sala para ellas solitas, sin sobresaltos y fuera del peligro de ser engullidas por los insaciables humanos.

Pero para hacer posible todo este despliegue era necesario un trabajo en equipo. Así que otra palomita de maíz de nombre Escarlata, que era la mejor amiga de Marilyn, se encargaba de poner en marcha el proyector de cine. A Escarlata, que era pequeñita y muy juguetona la entusiasmaban los áticos y por ello se había quedado a vivir allí, en la buhardilla del proyector, desde que alguien le descubrió ese paraíso. Una vez que todas las palomitas ocupaban su localidad en el patio de butacas, con una disciplina ejemplar, Marilyn desde el centro de la sala gritaba ¡¡¡ silencio, cámara ... acción !!! Y entonces, Escarlata ponía en marcha el proyector y el milagro sucedía de nuevo. Las palomitas conseguían meterse en la piel de los personajes de sus películas sintiendo la emoción de sus historias y viajando a lugares que sólo la imaginación y el cine son capaces de imaginar. Al terminar la película de cine, la mayoría de las veces, todas las palomitas saltaban de contento desde sus butacas y la sala se convertía en un auténtico jolgorio, más propio de un fabuloso festival de fuegos artificiales.

Ya de madrugada cuando todas las palomitas, con Marilyn a la cabeza, se retiraban a descansar nuestra amiga, la palomita de maíz, le daba las gracias a la vida por haber podido saborear con intensidad un nuevo día. A continuación, ella misma se encargaba de apagar la luz al mismo tiempo que decía en voz alta, para que todas la pudieran escuchar, ¡¡¡ Coooooooooooooooooorten !!! Acto seguido llegaba la calma y así todas las palomitas continuaban en sus sueños siendo las protagonistas de sus vidas. Y por fin el silencio se hacía dueño de todos y cada uno de los rincones del cine.

Pedro García Gallego

La luna triste

Había un pueblecito rodeado por grandes montañas donde el brillo de la luna era más intenso que en ningún otro sitio. Su majestad la luna tenía el color blanco más puro y limpio que jamás se haya visto nunca. Además el brillo de su luz era tan fuerte que por la noche el alcalde de aquel pueblo ordenó apagar todas las farolas, ya que no era necesario tenerlas encendidas. La luna iluminaba con su presencia la noche de aquel lugar, con tal fuerza que muchos de los turistas que visitaban aquel pueblo se quedaban desconcertados al confundir la noche con el día, sino fuera porque el cielo estaba repleto de estrellas.

Un día sucedió que el brillo de la luna se fue apagando. Y a partir de entonces ya nada fue igual. Cada anochecer la luz que desprendía la luna era de menor intensidad, hasta el punto de que al alcalde no le quedó más remedio que ordenar encender las farolas, que durante tanto tiempo habían permanecido apagadas. Llegó una noche en la que la luna apareció de un gris intenso. El cielo estaba limpio de nubes y sin embargo la estampa de su majestad la luna, no podía ser más triste y desoladora. Algo extraño estaba sucediendo que los habitantes del planeta tierra no alcanzaban a entender de ninguna manera. ¿Porque razón, un ser tan maravilloso como la luna, había pasado de ser una estrella gigante tan llena de vida a la más triste de las sombras que pueda dibujarse en el cielo?

La noticia, como es lógico, se extendió por todos los lugares del planeta. No se hablaba de otra cosa. Y a los gobernantes no se les ocurrió otra cosa que consultar a los hombres y mujeres más sabios del mundo. Pero por desgracia ninguno de ellos pudo encontrar una explicación a lo que le estaba ocurriendo a la luna. Hubo teorías para todos los gustos pero ninguna de ellas resolvió el problema y cada día que pasaba el resplandor de la luna era mucho más pequeño.

Entonces sucedió que se corrió el rumor de que había un niño de ocho años, llamado Julito, que podía hablar con la luna muy a menudo. Este niño vivía en el pueblecito protegido por las montañas, donde todavía se recordaban las noches claras por el fuerte el brillo de la luna. El alcalde del lugar le encargo al pequeño Julito, después de pedirle permiso a su padres, la importante misión de conocer los motivos del apagón lunar. El niño aceptó sin dudarlo ya que para el era algo muy sencillo hablar con la luna y de hecho solía hacerlo cuando le apetecía. Esa misma noche recibió el encargo del alcalde y con una linterna en la mano se subió al lugar más alto de aquel lugar, o sea, el campanario de la iglesia. El niño pasó la noche en el campanario esperando el momento adecuado en el que la luna quisiera contarle lo que le sucedía. Y fue a medianoche cuando desde allí arriba Julito recibió el mensaje alto y claro de la luna, justo en el preciso instante en que su resplandor era tan leve como el de la luz de un puñado de velas.

Al amanecer todo el pueblo esperaba a Julito a las puertas de la iglesia, ansiosos por escuchar a la criatura. Cuando el niño apareció se hizo un silencio tan grande que se podía escuchar hasta el sonido de las hojas, que caían al suelo desde las ramas de los árboles. Julito con una calma y tranquilidad ejemplar dijo en voz alta: “la luna me ha dicho que esta muy triste porque aquí abajo en la tierra nos peleamos e insultamos muy a menudo los unos con los otros y que no volverá a iluminarnos la noche hasta que dejemos de hacerlo”. El silencio permaneció durante varios segundos más después de que Julito hubiera pronunciado esas palabras. “Así que era ese el motivo” - susurró el señor alcalde - “algo tan simple y tan evidente como eso, vaya, vaya”.

Como no tenían nada que perder y si, en cambio, mucho que ganar todo el mundo se puso de acuerdo aquel día para no pelearse ni ofender a nadie y así comprobar que Julito estaba en lo cierto y que por fin se había encontrado el remedio para recuperar el brillo de la luna. La noche siguiente todos pudieron advertir como la luna parecía tener un poquito más de luz, de manera que continuaron haciéndole caso a Julito durante varios días seguidos. Y el resultado fue el que se esperaba tal y como había anunciado el niño. La luna volvió a brillar en todo su esplendor recuperando toda su luz y su energía. Entonces el alcalde, de nuevo, volvió a ordenar apagar las farolas de las calles, ya que su luz no era necesaria por las noches. La luna ahora estaba tan contenta que parecía brillar más cada noche regalándole a una tierra en paz toda su fuerza. Y así fue como a los habitantes del planeta además de luz en el interior de sus casas por las noches, pudieron disfrutar para siempre de luz en el interior de sus corazones. Y cuando se querían ir a dormir bastaba con bajar las persianas, nada más.

Pedro García Gallego

martes, 22 de febrero de 2011

El sonido de la risa

"Había una vez una niña con unos ojos muy grandes, muy grandes que no sabia reír porque nadie se había preocupado en dedicarle la atención que ella merecía. Era la mayor de 9 hermanos y siempre estaba demasiado atareada ayudando en casa en las labores domésticas a su madre y en el campo a su padre, que era labrador. Todos los días acababa la jornada agotada y no podía evitar que los ojos se le cerraran mientras tomaba un buen tazón de leche caliente con miel que le preparaba su madre.

Pero ella no era una niña triste, ni mucho menos, lo que ocurría es que desconocía el sonido y los efectos terapéuticos de la risa. Cada mañana al abrir la ventana sonreía al ver la luz que trasmitían los rayos del sol y los campos del color verde esmeralda. Se sentía feliz a pesar de lo dura que era su larga jornada de trabajo diario.
 
Un buen día se dirigió al río para lavar la ropa de sus hermanos pequeños y por primera vez en su vida emitió un sonido que era parecido a la contagiosa risa de su madre. La imagen que contemplaba la ayudaba a seguir riendo y era algo tan sencillo como una liebre y una ardilla jugando al escondite en el tronco de un árbol. Los animales no se habían percatado de la presencia de la niña y continuaban persiguiéndose uno al otro. Ese efecto provocó en la niña el impulso definitivo que necesitaba para desatar la corriente de la risa y poder disfrutar plenamente de ella. Al mismo tiempo que reía se dio cuenta que una lagrima le caía por el rostro. Obviamente eran lágrimas de felicidad ante semejante acontecimiento. Los animales alertados por la risa de la niña desaparecieron entre los matorrales pero la niña no podía ni tampoco quería parar de reír. Eran muchos años sin esa sensación y era la primera vez que la disfrutaba.
 
Al final del día, en su casa, relató lo ocurrido a su familia y fue capaz de reproducir de nuevo el sonido de la risa con tan sólo rescatar de su memoria la imagen que la provocó. El sonido de la risa de esta niña era tan limpio y puro que tenía la capacidad de provocar en todo aquel que la escuchaba el placer de sentirse feliz y a gusto consigo mismo. 

Desde aquel día la niña se dio cuenta que tenía la capacidad para transformar un mal día en uno bueno y aunque muchas veces su entorno la afectaba en su estado de ánimo, sabía que sintiéndose en paz consigo misma era capaz de controlar sus emociones. Es imposible contar a la gran cantidad de personas que esa niña ayudo a ser un poco más felices con el sonido de su risa y el calor de su compañía, porque son tantas como estrellas tiene el cielo. Pero sin embargo si es posible contar todos los besos que recibía de la gente que la quería, porque los apuntaba en un cuaderno con el fin de poder acordarse de ellos, cada vez que se sentía triste por algún motivo". 

Pedro García Gallego

lunes, 21 de febrero de 2011

A orillas del Nilo

Quiero escribir mi mejor novela contigo. Quiero que cada día que amanezca a tu lado sea el inicio de un nuevo capitulo y que cuando caiga la noche pongamos el punto final. Quiero que seas la protagonista de la novela de mi vida para poder darte todo el amor que llevo dentro y cuidarte tanto como te mereces. Quiero que millones de personas puedan leer la mejor novela de amor que jamás se ha escrito y que el único premio sea perderme en tu mirada y en tu boca”, eso fue lo que te susurré al oído una noche en la que estábamos a solas tu y yo a orillas del río Nilo, con la luna como único testigo.

domingo, 20 de febrero de 2011

Mensajes

"A mi musa por su exquisita sensibilidad, por todo el apoyo y cariño recibido durante la elaboración de este libro, porque sólo gracias a Ella esta historia tiene sentido"

1

“…Y entonces sucedió que, cuando la ciudad dormía y todos los sueños se entrelazaban haciendo que sea verdad lo imposible y mentira lo posible, una estrella fugaz cruzó el cielo color de azabache cayendo sobre el tejado de la buhardilla, justo en el instante en que se despertó sobresaltada. Su rostro sonriente delataba que había estado viajando por un mundo mágico que era su medio ambiente y reconocía como propio. Cerró los ojos y subió de nuevo allí…”

2

“...no le costó regresar de nuevo y disfrutar de la sensación de paz y seguridad que sólo era capaz de vivir en ese mágico mundo tan íntimo. Pero el alba llegó y el feliz viaje se vio interrumpido. Lo  primero que hizo al levantarse fue ir hasta la habitación de los gemelos, mientras dormían, para oler esa fragancia inconfundible que sólo la piel de los bebés desprende. Luego se acercó a la ventana y pudo comprobar que el cartero estaba dejando en su buzón la carta que iba a cambiar el rumbo de su vida. Suspiró fuerte y... "

3

".... y se preparó para comenzar un nuevo día. Hoy no tenía que trabajar, así que decidió concederse un capricho, mientras dormían sus pequeños. Abrió el grifo de la bañera y se quitó la blusa de seda que únicamente cubría su cuerpo. Echo sus sales favoritas y se introdujo muy despacio en el agua tibia. Luego cerró sus parpados y comenzó a pensar como le gustaría pasar el día de hoy. Le había costado mucho, pero ahora era dueña de su tiempo y huía de compromisos u obligaciones en contra de su voluntad... "   

4

"... Había aprendido a decir que no y ahora sabía elegir. Esto la hacía sentirse mejor consigo misma. Decidió ir a la pradera favorita de los gemelos. Allí ellos eran felices jugando en el río y ella se sentía más libre y se cargaba de energía tomando el sol. El agua consiguió relajarla. Las yemas de sus dedos comenzaron a acariciar su piel suavemente, sin prisas. Noto que se estaba excitando justo cuando Borja grito desde su cama: Mami me hago pis!!! ... " 

5

"... Dos horas más tarde ya estaba dentro de su 4x4. Antes le había dado tiempo a vestir, jugar y dar el desayuno a sus dos querubines. Ella eligió ropa cómoda pero bonita y un poco provocativa. Había superado esa etapa de ponerse cualquier cosa y no cuidarse nada. De repente recordó la imagen del cartero y recogió del buzón dos cartas del banco y un sobre azul sin remite. Arrancó el coche, mientras su rostro regalaba a sus hijos la más dulce de sus sonrisas... "

6

"... Aprovechando el respiro que le daban los niños se tumbó en el mullido césped y notó la caricia de los rayos del sol de mediodía sobre su morena piel de terciopelo. Pensó en lo mucho que le gustaba este lugar a Javier y reparó en que desde su muerte era la tercera vez que venía. El calor apretaba, decidió quedarse en bikini y darse un chapuzón con los chicos en el río. Antes le echó un vistazo al sobre azul que le trasmitía muy buenas vibraciones... "     

7

"... el día estaba siendo perfecto. Salió del agua con Dani y Borja de la mano. Seguía conservando una figura espléndida. La madre naturaleza le regaló un cuerpo escultural. Pero su encanto residía en la elegancia en su forma de entender y vivir la vida. Tenía el estilo propio de una princesa y la humildad del que nada posee. Eso la hacía más bonita todavía. Sandra!!! ... giró la cabeza y se encontró con su amiga de la infancia Arantxa. Pero bueno vaya sorpresa! comemos juntas? ..." 

8

"... Hacía tiempo que no se reía tanto. La comida improvisada bajo la sombra de un enorme sauce llorón, les estaba sirviendo para ponerse al día y recordar viejos tiempos. Mientras sus dos hijos y las dos niñas de Arantxa se entretenían sin necesidad de tener que intervenir. Ambas se dieron cuenta de que no se había perdido la complicidad entre ellas. Sandra le contó como el accidente de Javier había cambiado su vida por completo. Sandrita, cuando sea mayor quiero ser como tu,- le dijo Arantxa bajando el tono de voz, mientras le daba un gran abrazo..."  

9

"... De vuelta a casa con la sonrisa permanente en su rostro, se felicitaba de poder conservar una amistad, sin que se hubiera resentido, por espacio de 25 años. Miró por el retrovisor y comprobó que sus chicos dormían agotados tras un emocionante día de campo. Ya en casa hizo balance de todo el día mientras cenaba una gran ensalada y hojeaba una revista. La carta!! - dijo en voz alta. Era el momento perfecto para descubrir este pequeño misterio. Fue a por ella y se dispuso a abrirla..."   

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"... La última carta que alguien le había enviado fue cuando Javier y ella eran novios, hace mucho tiempo. Se tumbó cómodamente en el sofá y comenzó a abrir con suma delicadeza el sobre. Sentía el mismo nerviosismo de una quinceañera. Eran un total de seis hojas de una cuidada caligrafía escrita con pluma. Hola preciosa, - esto empieza bien, pensó. Fue directamente al final de la carta sin poder soportar por más tiempo saber quién la firmaba. ¡Pablo! - Exclamó - el bueno de Pablo..." 

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“… La última vez que vio a Pablo fue en el funeral de Javier y ahora lo único que sabía de el era que trabajaba como corresponsal en Tokio. ¿Porque ahora esta carta? Decidió salir de dudas y comenzó a leer. Se notaba que estaba ante una persona que sabía utilizar el lenguaje con una gran precisión. Pablo era el amigo del colegio inseparable de Javier y siempre había mantenido una relación muy buena con ella. Comprobó que el tono de la carta era muy optimista…”

12

“…Terminó de leer la carta y notó como a la cuenca de sus preciosos ojos se asomaron algunas lágrimas. Las confesiones de Pablo eran de una enorme magnitud. Cerró los ojos durante un par de minutos y ordenó sus ideas como pudo. Muy pocas veces recordaba haber sido tratada con la sensibilidad y delicadeza que lo hizo Pablo. Pero nunca sospechó que la amara en silencio. Siempre tan atento y tan caballero durante tanto tiempo… quien se lo iba a decir…”

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“… Su sonrisa y el magnetismo de sus ojos la atraparon. Pasearon por la orilla de la playa perdiendo la noción del tiempo. Luego subían a un acantilado y permanecían abrazados contemplando el salvaje paisaje que tenían delante. No hablaban, no hacía falta, sobraban las palabras. Se amaron hasta quedarse sin aliento con la fuerza de una pasión desconocida… Se despertó sobresaltada y cerró de nuevo los ojos, en un vano intento de continuar con el mismo sueño… ”

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“… Fue un dulce despertar, todo en su sueño era tan real como la humedad que revelaba su sábana y su buen humor. El impacto de la carta había sido capaz de hacerla vivir un apasionado romance en su íntimo y querido mundo. Ese al que sólo ella tenía acceso. Le vino a su mente el rostro de Pablo relatando con entereza los motivos de su divorcio. Fue un golpe muy duro descubrir que su mujer siempre se sintió mucho más atraída por el sexo femenino que por el… ”

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“… Sandra admiraba lo bien que Pablo había sabido reiniciar su vida y envidiaba su optimismo. Pero jamás pudo siquiera imaginar que alguien pudiera quererla con tal intensidad como confesaba la carta, sin pedir nada a cambio. Sandra se sentía confundida, su ánimo era muy bueno pero Pablo había escrito la carta 24 horas antes de entrar en un quirófano, en una operación a vida o muerte y desconocía el resultado. Respiró hondo y volvió a la realidad con sus gemelos… ”

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“… La mañana de domingo decidió iniciarla sin prisas y dedicando todas sus energías a Borja y Daniel. Se sentía diferente, no sabía bien como definirlo pero tenía claro que era una mujer distinta después de leer la carta. Reparó en que cuando conoció a Pablo, él ya estaba casado y sin embargo su amistad con Javier no le había impedido convertirla en su secreto amor sagrado y en la ilusión inalcanzable que le ayudaba a ver la vida como el mejor regalo posible, según sus propias palabras… ”

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"... Aprovechando el esplendido día de sol, Sandra se pasó la mañana en el jardín mientras sus pequeños vampiros le absorbían toda la energía. Sentía la necesidad de poder confiarle a alguien las sensaciones que había provocado en su corazón la carta. Superada la pérdida de Javier y con unos radiantes casi 37 años, volvía a sentir como la vida la invitaba a enamorarse de nuevo. Arantxa, ¿nos podemos ver hoy? Tengo novedades que contarte,.... Gracias amiga… "





18

“… Después de recibir el alta médica, Pablo sacó el billete de avión con destino a su querida España. Llevaba 4 años en Tokio y necesitaba cambiar de aires pronto. Sentado en el avión, a punto de despegar, sonreía recordando algunas de las confesiones escritas en su carta. Sacó su Montblanc y le pidió unas cuartillas a la azafata. Cerró los ojos y pensó que tenía 18 horas de viaje por delante. Sandra mi amor, voy a tu encuentro – escribió...”

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“… La pequeña embarcación apenas se balanceaba. En el horizonte el sol, cansado de brillar destacaba por su particular color rojizo y se disponía a esconderse bajo las faldas del mar. Ellos permanecían abrazados e hipnotizados por la belleza que contemplaban. Los labios de Sandra buscaron los suyos y se fundieron en el más largo y dulce de los besos. Caballero debe abrocharse el cinturón por favor – le susurró una azafata al oído, interrumpiendo su sueño…”

20

“… Mientras su avión hacía escala en Ámsterdam, repasó mentalmente todo lo que le gustaría hacer antes de ir al encuentro de Sandra. La mezcla de sentimientos que estaba viviendo en su interior era inevitable. A veces predominaba el miedo al rechazo, otras veces el miedo al éxito pero siempre ganaba el arrollador impulso de la fuerza del amor. Pablo había tomado la decisión de no tener que arrepentirse por no haber intentado al menos obedecer a su corazón…”

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"...Pensé que no existían hombres tan sensibles, pero ya veo que estaba equivocada. Sandra no le dejes escapar, que este hombre es una especie en extinción - dijo Arantxa. Después de escuchar los detalles de la carta, Arantxa no dudó en convencer a su amiga para que tratara de localizar a Pablo. ¿Cuales son tus sentimientos hacía el? - pregunto Arantxa. Siento que necesito mirarle a esos dos ojazos que tiene, abrazarlo durante un buen rato y... creo que me estoy enamorando - respondió Sandra…"

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"... Nunca te dije que mi primer desengaño llegó en la noche de bodas, ni que las primeras lágrimas llegaron en la luna de miel. Experimenté el continúo rechazo al querer abrazar a quién amaba. Pero en ese desierto de emociones apareció un oasis llamado Sandra y mi vida cambió. Sólo entonces alcance a comprender el auténtico significado de la palabra amor. Vivo gracias al recuerdo de tu mirada y de tu sonrisa - decía Pablo en un párrafo de su carta…"   

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"... El fin de semana llegaba a su fin y con el concluía una tormenta de sensaciones provocada por seis folios escritos a corazón abierto. Sin duda el hecho de estar a 24 horas de someterse a una intervención a vida o muerte ayudo a que la sinceridad fuera absoluta. El sabía que su tiempo era muy limitado, por culpa de ese maldito tumor que le había infectado órganos vitales. La muerte le estaba echando un pulso, pero el no estaba dispuesto a tirar la toalla…"  

24

“… A medida que se iba acercando el momento de volver a verla comenzaba a percibir una excitación similar a la que sintió el día en que nacieron Borja y Daniel. Ese día se fue a visitarla al hospital después de comprar una gran botella de champán y dos peluches. La sorpresa que se llevó Pablo cuando le dijeron que ya la habían dado el alta, no le borro la sonrisa del rostro porque el acontecimiento superaba la adversidad. Faltaba poco para que llegara a Madrid…”

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“… Ya en la cama, con los ojos cerrados, noto sobre su frente como una suave brisa muy agradable le acariciaba, al tiempo que iniciaba el viaje a su mágico mundo. De repente, se vio subida a una noria gigante. Pablo estaba a su lado abrazándola y la sensación de paz y seguridad que le trasmitía era definitiva. Sandra se sentía invencible y sabía que nada malo le podía ocurrir a su lado. La vista desde arriba era espectacular y decidió pasar allí la noche… ”

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“… El reparador descanso le permitió a Sandra poder enfrentarse a la rutina de los lunes. A las 8:00 ya estaba dentro del coche con sus pequeños camino de la guardería. Poco después entró en la Galería de Arte que dirigía y lo primero que hizo fue tomarse un café con leche muy cargado mientras marcaba el número de la embajada de Japón en España. Tengo que saber como te encuentras y donde estás Pablito – pensó en voz alta – yo también se luchar por mis sueños… “



27

“ ... En 5 minutos tomaremos tierra, abróchense los cinturones. Desde la ventanilla Pablo podía ver de nuevo a su querida Madrid tan histérica como hospitalaria. Se alojaría en un hotel, ya que en España sólo le quedaba su pequeño bungalow de Ibiza. Pablo era muy metódico y había planeado con mucho mimo y cuidado como le gustaría que fuera el encuentro con su alma gemela. Era un romántico enfermizo sin posibilidad de cura y se sentía seguro en ese terreno… “

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“...Mientras esperaba la salida de su equipaje y sin razón aparente, se asomó a su mente la imagen de Sandra en el día de su boda. Estaba radiante y fue la primera vez que verificó que algunos días la Virgen se mezcla con los seres humanos… y ese día ocurrió. También recuperó la imagen del brillo de los ojos de Sandra insistiendo para que no faltara a su boda, después de saber que el pensaba no acudir por serios problemas personales. Pero Pablo sabía bien cual era su sitio y era incapaz de no acompañarla ese día… “

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"...Averiguó que Pablo trabajaba para Europa Press y que no estaba ingresado en ningún hospital japonés. Pero no tenía ni idea de donde estaba. Intentaba cumplir los compromisos de su agenda, pero su pensamiento se paseaba, una y otra vez, sobre las líneas de la carta de Pablo. ¿Como es posible que un ser humano pueda alimentarse sólo del recuerdo y de la felicidad de otro ser humano? Gracias al amor. Sandra tenía la intuición de que pronto volvería a verle..."

30

“…Agotado por el largo viaje, se alojó en un bonito hotel del centro de la ciudad. Traía pocas maletas aunque pensaba quedarse por mucho tiempo. Pablo no necesitaba mucho equipaje. Todo lo que tenía de valor lo llevaba puesto. Su gran generosidad y bondad era lo que le daba brillo a su persona. Nunca sintió la necesidad de acumular riquezas o posesiones, vivía al día y no le cabía ninguna duda de que era un privilegiado… y ahora que estaba mucho mas cerca de ella con mayor motivo…”

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"...De vuelta a casa antes de recoger a los gemelos se pasó por la oficina de Europa Press en España. Allí le dijeron que Pablo dejó de trabajar con ellos desde el mes pasado. Luego se dio cuenta que estaba frente al hotel Santo Mauro y decidió hacerse el regalo del día, un café vienés. Sentada en la coqueta cafetería del hotel, por un momento hubiera jurado que el hombre que apuraba una cerveza al final de la barra era Pablo - creo que me estoy obsesionando - pensó..."

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“…Saboreo lentamente su cerveza, mientras recordaba lo mucho que le gustaba el Santo Mauro a ella. De hecho la última cena con sus parejas tuvo lugar en la elegante biblioteca restaurante de ese hotel. Salió de la cafetería con la extraña sensación de que el destino había tomado la decisión de cruzar sus vidas y nada de lo que hiciera iba a poder impedirlo. Sonrió y noto mariposas en el estomago, algo que sólo le sucedía en momentos decisivos de su vida…”

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“…Era una noche clara de agosto presidida por su majestad la luna. El brillo de color nácar del astro iluminaba todo el valle y también sus cuerpos desnudos. Entre risas se metieron despacio en el pantano y sólo cuando estuvieron frente a frente dejaron de reír. Sus ojos se devoraban y el tacto de su piel bajo el agua provoco una excitación en ambos, que aumentaba al igual que el deseo de unir sus labios – Aquí tiene la cuenta señora… ¿que? Ah si, gracias…”

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“…Buscó un marco muy sencillo que pudiera resaltar la belleza del retrato que le había dibujado. El dibujo no era de gran calidad artística, pero si contenía todo el amor sentía por ella. Después se regaló unos elegantes zapatos italianos y por último compró una docena de rosas blancas acompañadas de lirios en tonos malva. Alquiló un coche y se puso rumbo a la sierra, donde ella vivía – ya queda menos mi vida, ya queda menos – susurró Pablo…”

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"...En urgencias recordaba los nervios y la ilusión que sintió aquellas inolvidables navidades cuando les regaló la vida a Borja y Daniel. Fue un parto muy largo y complicado en el que Javier no se separo de ella ni un instante. Mientras hoy les bañaba apreció en su cuerpo unas feas y pequeñas erupciones blancas muy sospechosas y no se lo pensó dos veces. Ante situaciones críticas ahora sabía actuar con firmeza y aunque algunas veces erraba se trataba de sus decisiones..."

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"...Tardó muy poco en llegar al chalet de Sandra. Durante el trayecto observó que todo le resultaba familiar a pesar de los 4 años trascurridos. La casa por fuera salvo detalles en el jardín continuaba igual. Llamó su atención las luces apagadas en la casa. Respiró hondo cerró los ojos y apretó el timbre sintiendo en su piel una emoción muy especial. - Soy Reme la vecina de Doña Sandra - y como buena cotilla le informó con todo detalle de la salida precipitada al hospital de su vecina..."

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"...Después de escuchar las explicaciones de Reme haciendo gala de una paciencia infinita y rechazar su gentil invitación para cenar, Pablo depositó el espléndido ramo de flores en el felpudo de la casa y después de besarlo, se marcho de vuelta a su hotel. Sandra regresaba a casa exhausta tras pasar 4 horas en el hospital con sus hijos. Una vez que fueron vacunados contra la incipiente varicela que pretendía invadir sus pequeños cuerpos, por fin se pudo tranquilizar..."

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"…Vencida por el agotamiento y a falta de un kilómetro para llegar a casa, Sandra casi provoca un accidente, de no ser porque un coche le avisó con las luces largas. Al llegar a la puerta de su casa y ver el precioso ramo de flores, el corazón le dio un vuelco. - Se lo ha traído un galán de cine - grito Reme desde su ventana. Buenas noches y que duerma usted bien - le respondió. Sandra se fijo en la nota que venía en el ramo y la leyó en voz baja - He regresado para quedarme... en tu corazón…"

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“… Después de acostar a sus pequeños príncipes con la delicadeza que sólo ella sabía hacerlo, fue en busca del teléfono con los nervios a flor de piel. Arantxa, está en Madrid y ha venido hasta mi casa - dijo Sandra con la excitación propia que sólo provoca el primer amor – y además se donde se aloja por la rubrica del papel de su nota. Tras media hora de charla, releyó la carta una y otra vez sintiendo que la adrenalina la había desvelado. Se sentía muy feliz… “

40

“… A veces me asusto por la fuerza del amor que me atrae hasta ti. Es de tal intensidad esta sensación que no puedo evitar hacerme daño. Bendito sea el dolor del amor, porque quiere decir que mi corazón late con fuerza. Creía conocer el significado de la palabra amor, pero he descubierto que sólo al conocerte pude averiguar todo lo que implica amar a alguien. Y tengo la certeza de que es este sentimiento lo que hace girar el mundo – decía Pablo en su carta… “

41

“… Mientras Pablo se lavaba los dientes antes de irse a la cama, le vino a la mente la imagen del coche que a punto estuvo de chocar con el suyo. Pero gracias a que utilizó las luces largas pudo evitar un accidente casi seguro que el destino no había planificado. Luego miró por la ventana y pensó en voz alta – tiene que ser mañana, las estrellas y la luna no pueden estar equivocadas. Y mientras cerraba los ojos sonrió como sólo saben hacerlo los niños en la noche de Reyes… “    

42

“… Sandra madrugó y eligió un vestuario sencillo y elegante que resaltaba su sensualidad. Dejo a sus pequeños en la guardería y se dirigió al hotel Santo Mauro. Una vez allí utilizó sus mejores armas de seducción y desde luego ella disponía de todo un arsenal, así que el recepcionista sucumbió a sus encantos, le entregó una copia de la llave de la 302 y le confesó que Pablo estaba ahora en el hotel. El corazón se le disparaba, toco la puerta con los nudillos y dijo en voz alta – servicio de habitaciones!! …”

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"... Al no recibir respuesta, tras diez segundos de reflexión y notando como se le aceleraba la respiración entró en la 302. Había mucha luz en la habitación. Escuchó el sonido del agua de la ducha. Pensó rápido, conectó el hilo musical y se sentó en un sillón justo frente al baño, cruzando las piernas. Cesó el ruido del agua e instantes después apareció Pablo con un albornoz blanco y el pelo mojado. Sus ojos se cruzaron y tras un primer sobresalto... sucedió lo inevitable..."





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"... Se reconocieron y se percataron de que se habían estado esperando toda la vida. No era necesario articular palabra alguna. Sus miradas lo decían todo, sonreían, se abrazaban e incluso llegaron a llorar de felicidad. Descubrieron entonces lo que significa un amor correspondido. Jamás se habían entregado a nadie con semejante pasión. Al mediodía acordaron ir a comer al lugar donde se conocieron, el Barranco. Arantxa se encargaría de atender a los gemelos..."

45

“… Pablo estaba al volante cuando el sol cegó sus ojos y no fue capaz de dominar el vehiculo. El impacto fue mortal para ambos. Sin embargo sus manos continuaban entrelazadas y la sensación de libertad y ligereza les invadía. Eran capaces de observarlo todo desde lo alto. Entendieron que su muerte lejos de ser el final, significaba el principio de un largo camino que tenían por delante. Debían cuidar y proteger a muchos seres y además sabían que permanecerían unidos entregados el uno al otro eternamente…”     

PRINCIPIO