Deberíamos sentirnos muy orgullosos de todas y cada una de las cicatrices que se pueden adivinar en nuestro corazón y me explico. Un corazón cosido por cicatrices es un corazón lleno de vida que ha acumulado muchas experiencias y que además la mayoría de ellas han hecho mella en su forma de ver y sentir la vida. Me gusta conocer y rodearme de personas que tienen sus corazones cosidos de cicatrices antes que hacerlo de personas con el corazón brillante e intacto de cualquier rasguño. Éstos últimos responden a un perfil de persona que se conforma con ver la vida pasar y que prefiere que otros manejen las riendas de su vida antes que tener el valor para atreverse a hacerlo ella misma. El dolor al igual que el amor nos transforma y nos va definiendo poco a poco. Por eso es normal que tras un hecho traumático (positivo o negativo) gente de nuestro entorno nos vea diferentes. Lo que vivimos si lo hacemos intensamente nos transforma y lógicamente nada de lo que suceda a partir de entonces puede ser igual que antes.
Como os podéis imaginar os hablo desde mi experiencia pero, como es lógico, no estoy en posesión de la verdad ni tampoco creo que sea ejemplo de nada y mucho menos creo estar capacitado para aconsejar a los demás. Lo que si creo es que los seres humanos estamos cortados por patrones comunes y respondemos a una serie de acontecimientos del mismo modo. Y lo que también puedo asegurar con conocimiento de causa es como se ha transformado mi vida en los últimos años y como he ido notando cambios en mi persona y por tanto en mi entorno. Como os decía antes, vivir situaciones emocionantes (por el dolor o por el amor) nos hace crecer y evolucionar. Si conseguimos vencer esas ganas de huir y escapar, es decir si de los obstáculos que nos encontramos en el camino, sabremos interpretar que tenemos una oportunidad para crecer y que no están ahí puestos (los obstáculos) por casualidad, entonces estaremos viviendo con intensidad y nos habremos ganado otra muesca en nuestro viejo y magullado corazón.