El mejor regalo

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miércoles, 23 de febrero de 2011

El árbol de Navidad

Todo sucedió en el interior de una tienda de abetos. Era un frío día de invierno cuando don Sebastián acompañado de su hijo Alex se entretenían en el interior de la tienda de árboles navideños sin terminar de decidir cual de ellos adornaría el elegante salón de su casa. Don Sebastián era el director del único banco donde todos los habitantes de la ciudad depositaban su dinero y por ello gozaba de un gran respeto por parte de todos los vecinos. Además a don Sebastián le entusiasmaban los halagos que le hacía la gente y sentirse el centro de atención allá por donde iba. Su hijo Alex era todo lo contrario a su padre. No le gustaba nada que la gente estuviese pendiente de el y siempre trataba siempre de pasar desapercibido. Sabía disfrutar de la soledad en el interior de su habitación con un libro en las manos, su colección de cromos favorita o simplemente escuchando música.

“Vamos Alexander, elige un abeto y vamonos de aquí que no tenemos todo el día” – dijo don Sebastián, que siempre daba la sensación de tener mucha prisa – “¿puedo escoger el que yo quiera Papá?” – preguntó Alex. “Por supuesto Alexander, que cosas tienes, eso ya te lo había prometido. Además aquí tienen árboles preciosos” - contestó su padre.

Don Sebastián le preguntó al dueño de la tienda, el señor semillas, cual era el árbol más caro de todos los que tenía. Y entonces éste le señaló un abeto que tenía dos metros de altura y que ya estaba adornado con las mejores guirnaldas y bolas de colores de todos los tamaños y colores. El dueño de la tienda, le susurró al oído el precio del árbol para que no lo escuchara nadie más, pero don Sebastián no pudo controlarse y gritó - “¡¡99 euros!! ¿Pero, se ha vuelto usted loco?”. A pesar de que tenía mucho más dinero del que jamás podría llegar a gastarse, al papá de Alex le encantaba regatear en las tiendas, para que le rebajarán el precio de las cosas aunque finalmente acabara pagando lo que le venía en gana, - “para algo soy el director del banco” - pensaba el.

Sin embargo, Alex estaba frente a un abeto con las ramas peladas, es decir sin apenas hojas en sus ramas. Ese árbol tenía un aspecto muy triste incluso parecía estar enfermo y no era mucho más alto de lo que era el propio niño, o sea que media un metro y medio más o menos. Desde que lo vio Alex lo tuvo claro y dijo en voz alta: “este es el árbol perfecto que necesitamos en casa”. Pero su padre ni siquiera le escucho, como de costumbre. El señor semillas si que dio cuenta de la elección de Alex y le dijo - “ese lo tengo de oferta y te lo puedo dejar en 5 euros para ti”. A continuación Alex tiro de la corbata a su padre y éste por fin le prestó atención - “¿Papá, por favor, me puedes dar 5 euros?” – dijo Alex – “¿pero que te pasa ahora? Ya te he dicho que los cromos te los compraré luego, primero hemos de elegir el árbol de navidad, así que date prisa” – dijo don Sebastián - “No, no quiero cromos papá, ya he elegido mi árbol y es ese de allí – contestó Alex señalando con su dedo índice de la mano derecha, aquel abeto tan débil y de aspecto enfermizo.

A don Sebastián casi le dio un soponcio dentro de la tienda, pero le había prometido a Alex que llevarían a casa aquel árbol que más le gustara y el gusto del niño quiso fijarse en el abeto más desvalido y abandonado de toda la tienda. Durante todo el camino de vuelta a casa, don Sebastián no paró de mascullar entre dientes frases que apenas podía oír Alex, algo así como; “si no lo veo no lo creo” o “¿a quién habrá salido este niño?” y otras cosas raras parecidas.

Una vez que el árbol estuvo en el centro del salón de la casa de Alex, el niño se sintió muy feliz y esa misma noche hizo la firme promesa de cuidarlo mucho. Y así fue, como 15 días más tarde (justo el día de Reyes) aquel abeto comenzó a tener todas las ramas repletas de hojas y flores de diferentes colores. Era un caso extraordinario, ya que jamás se había visto nunca un abeto tan florido como aquel. Incluso su tamaño había crecido medio metro más. Así que cuando don Sebastián se dio cuenta de la transformación del árbol de navidad que presidía el salón se quedó boquiabierto y fue en busca de su hijo Alex - “Hijo mío me puedes explicar que magia has utilizado con el abeto. ¿O acaso es que lo has cambiado por otro mucho más bonito de la tienda?” – dijo don Sebastián – “ no papá, nunca se me ocurriría cambiar al árbol que elegí en la tienda. La única magia ha sido la de cuidarle mucho. Todas las noches lo he regado y por las mañanas le contaba mis cuentos favoritos, pero lo que más le gusta de todo, es que le de muchos abrazos. Eso le encanta”.

Y así fue como el papá de Alex, don Sebastián, director del banco y un personaje muy importante de la ciudad aprendió una gran lección gracias a su hijo. El árbol elegido por Alex era bello desde el principio y tan sólo necesitaba que alguien se diera cuenta de ello y le tratará con un poco de amor. En el momento en el que fue tratado con cariño el abeto lo percibió y descubrió su verdadera belleza ante los demás. Alex con sólo 9 años, tenía la facultad de ver esas cosas con facilidad, pero la mayoría de las personas (como su padre por ejemplo) que le rodeaban miraban a su alrededor y sin embargo no alcanzaban a ver lo que tenían en frente.

Pedro García Gallego