El mejor regalo

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No dejes nunca de sonreir por favor

miércoles, 23 de febrero de 2011

El gorro de Papá Noel

Era una noche muy importante. Seguramente la más importante de todas para Papa Noel. Todo estaba preparado en su trineo. Los renos estaban atados y preparados para el largo y fantástico viaje. Los regalos de todos los tamaños y formas se encontraban empaquetados y ya estaban cargados en la parte de atrás del trineo. Papa Noel miro la hora de su reloj y dijo en voz alta: “Todo listo, es la hora de partir”. Dicho esto, justo cuando Papa Noel estaba cerrando la puerta de su casa, para montarse en el trineo, una fuerte ventisca le golpeó el rostro y le quito el gorro que llevaba sobre su cabeza, llevándoselo muy lejos hasta perderse entre la espesura del bosque. Papa Noel se quedó helado y no sólo porque hacía un frío tan grande que hasta los renos llevaban bufanda, sino porque nunca salía de casa sin su gorro y ahora se encontraba perdido.

Tenía que hacer algo antes de que fuera demasiado tarde. Era muy importante no demorar por más tiempo la salida puesto que había que realizar muchos repartos y ningún niño podía quedarse sin sus juguetes. Cada segundo tenía mucha importancia, pero Papa Noel estaba tan desorientado que no sabía que hacer en esta ocasión. En ese momento miró al cielo buscando una respuesta y fue entonces cuando le pareció ver el dibujo del rostro de un niño sonriendo en las nubes, que en esa fría noche iluminaba una preciosa luna llena. En ese momento Papa Noel reaccionó y de un salto se montó en su trineo y de un fuerte grito les dijo a sus renos, “¡Adelante amigos, empieza el viaje, Ho, Ho, Ho!”

Fue una noche larga y muy especial, como siempre lo era la noche de Navidad de todos los años anteriores. Pero en esta ocasión Papa Noel hizo su reparto de ilusión y alegría sin llevar cubierta la cabeza y por eso pasó mucho más frío que nunca. Justo un minuto antes de amanecer, Papa Noel dejó el último de los juguetes que le quedaba en el trineo en última casa de su particular viaje. Cuando aterrizó el trineo en su casa, Papa Noel, estaba agotado pero muy feliz, una año más millones de niños serían muy felices al ver cumplidos sus sueños. Cuando se dirigió a la puerta de su casa de repente se dio cuanta que había colgado algo de color rojo del picaporte de la puerta. Y la sonrisa franca y amable de Papa Noel se fue haciendo poco a poco más grande cuando descubrió que se trataba de su gorro. De forma mágica el gorro había vuelto de nuevo a su lugar de origen, pero había algo en su interior que hacía que el gorro no dejara de moverse. Papa Noel cogió el gorro con cuidado, miró en su interior y se encontró con un pequeño cachorro de San Bernardo. Unas lágrimas de alegría cayeron por el rostro de Papa Noel y sólo se dio cuenta de que estaba llorando cuando el pequeño cachorro, que sostenía sobre sus manos, lamió las lágrimas que resbalaban por su mejilla.

Y colorín colorado el gorro a Papa Noel volvió a su lado, porque un nuevo amigo suyo lo había recuperado.

Pedro García Gallego