Todos los allí presentes, alrededor de la camilla, estábamos acompañando a la auténtica protagonista. Yo sólo podía dar calor humano (sudaba como un pollo) y observarlo todo extasiado, ya que el resto de los asistentes estaban presentes por razones estrictamente profesionales. Después de los necesarios preparativos todo estaba a punto para que el día de hoy, 29 de julio, jamás se pueda borrar de mi memoria. Los más expertos en ese tipo de tareas decían que no iba a tardar en producirse el evento y ciertamente apenas una hora después de haber llegado, hecho un manojo de nervios, sucedió. Se escuchó un grito de ánimo: “¡Empuja de nuevo como lo estas haciendo!”, seguido de un “¡muy bien, sigue así!”. La emoción que se respiraba en el ambiente es muy difícil de describir. Y en ese preciso instante, justo cuando la criatura se estaba asomando a la ventana de la vida, la madre respiró hondo y de un último esfuerzo le regaló la vida. Así fue como llegaste, de manera admirablemente sencilla. Todo se desarrolló rápido y de forma muy natural. Y pude verificar que razón tenía aquel que dijo por vez primera eso de “la naturaleza es sabia”.
Lo primero que pudimos observar todos con mucha claridad en tu primer segundo de vida no dejaba lugar a la duda, se confirmaba el secreto mejor guardado de los últimos 9 meses, ... “¡es un varón!”. Ya una vez limpio pudimos verte la carita redonda, bien formada, de ojos ligeramente rasgados y con poquito pelo. Llamaba la atención que tu primer entretenimiento era el de haber descubierto que se pueden hacer un sinfín de pompas con tu propia saliva. Ese instante no tiene precio. De repente me doy cuenta que un escalofrío recorre todo mi cuerpo y tal sensación se traduce en una pequeña descarga de felicidad que casi me hace llorar. Ya no hay vuelta atrás. Hay cosas en esta vida que se pueden modificar, de hecho muy pocas permanecen inalterables. Pero la condición de padre una vez que la consigues no te abandona nunca. El reto es enorme, la responsabilidad también, pero puedo decir con conocimiento de causa que la satisfacción que sientes, simplemente observando a tus hijos, supera cualquier otra cuestión.
Por otro lado ahora toca escuchar con resignación comentarios de todo tipo y mientras muchos, de los que vengan a verte, te dirán que tienes la oreja de tal manera y que eres clavadito a tu madre, otros tantos dirán que ese gesto que haces al cerrar los ojos es del padre y hasta puede que tengan razón. Pero los más prudentes dirán que eres muy pequeño para sacarte algún parecido. Y lo realmente cierto es que no te parecerás a nadie porque eres único e irrepetible como nos sucede al resto de los mortales (exceptuando a los gemelos por supuesto). Así que ánimo cariño, porque comienza para ti un apasionante y largo viaje en el que tendrás que descubrirte a ti mismo y a todo lo que tienes a tu alrededor. Durante el trayecto, no tengas miedo de equivocarte y si te sirve de algo yo estaré a tu lado aún cuando tu no me busques a mi.