El mejor regalo

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No dejes nunca de sonreir por favor

domingo, 8 de agosto de 2010

Excusas

Lo más interesante que tienen las excusas es que siempre existe alguna que puede adaptarse a ti en cualquier momento. No es necesario que tú debas hacer ningún esfuerzo extraordinario. De manera que cada vez que nos incomoda la conciencia algo que vemos o escuchamos y no nos atrevemos a enfrentarnos a ello de frente o simplemente cuando queremos llevar a cabo algo pero no nos atrevemos a decir los verdaderos motivos que nos mueven, siempre tenemos a nuestra disposición una extensa lista de excusas que están ansiosas por ser elegidas y utilizadas una vez más. A ellas, las excusas, no les importa el tema que se trate de eludir. Pueden ser tan dispares como rechazar una invitación a una boda, no dar limosna a un mendigo, abstenerse en unas elecciones, invadir y arrasar un país, opinar acerca de un tema escabroso, exculparse de un error cometido o rechazar una invitación familiar a la cena de fin de año por ejemplo. Pueden tratarse de temas banales (como algunos de los mencionados) o temas complejos. Da igual, las excusas no tienen límites y se atreven con todo. Ellas sólo están esperando que las invitemos a la fiesta para aparecer y salir triunfantes con su espectacular puesta en escena unas veces o con su ya manido repertorio en otras ocasiones (depende mucho del interlocutor que las utilice). Pero no conformes con escondernos detrás de las excusas, también tratamos de convencernos a nosotros mismos y a todo el que encontramos en nuestro camino que nuestro razonamiento, ese que nos ayuda a eludir o realizar algo muy concreto, avalado por una excusa fantástica, es la mejor de las opciones posibles. Por ello no es raro que se de la extraña circunstancia de que pasado un tiempo, esa opción que elegimos y que nos parecía la mejor de las alternativas posibles o quizás la única válida, ahora sea todo lo contrario. Y no es que nos hayamos vuelto locos, sino que nosotros evolucionamos (unos más que otros) al mismo tiempo que cambia nuestro entorno y las personas con las que nos relacionamos. Y todo eso conlleva necesariamente, que también tengamos que ir actualizando y renovando al mismo ritmo nuestro ranking de excusas favoritas.

Conozco algunos grandes abanderados de la coherencia y el sentido común que lejos de predicar con el ejemplo practican en sus actitudes todo lo contrario. Suelen ser grandes profesionales de echar balones fuera y ver la paja en el ojo ajeno. Suelen ser personas que saben perfectamente como deberías vivir tu propia vida (y no se cansarán nunca de repetírtelo) pero que son incapaces de tener la más mínima idea de que deben hacer con la suya. Suelen ser personas que a veces están enfermas de ego. Por eso un halago gratuito o merecido les hace un efecto muy dañino, porque trasforma su realidad creyéndose mucho mejores de lo que realmente son. Les deja flotando y totalmente fuera de juego. El ego lo tenemos todos en menor o mayor medida y no es nada fácil saberlo manejar, porque al igual que las excusas en cuanto tiene la mínima oportunidad de aparecer y adueñarse de nosotros lo hace sin pedir permiso. Convendría por ello, que para evitar semejante invasión aprendamos a conocernos mejor día tras día y a conocer donde están nuestros límites. Quizás pueda ayudarnos el saber que en este mundo estamos de paso y que todo lo que aparentemente tenemos a nuestra disposición es algo prestado y no nos pertenece. Por eso tenemos la obligación de saber disfrutarlo como mejor sepamos hacerlo. Pero también, al mismo tiempo, tenemos la obligación de cuidarlo y procurar dejarlo mejor o al menos en las mismas condiciones que lo encontramos, para que los que vienen detrás hagan lo propio. Creo que por raro que pueda sonar es muy probable que nadie posea nada (ni mucho menos a nadie) aunque el sentimiento de posesión lo tengamos muy arraigado desde la aparición del ser humano en este mundo. Y si hacemos un poco de memoria y tratamos de recordar la cantidad de conflictos de todo tipo que en la historia de la humanidad han sido generados por el exacerbado ego y el sentido de la posesión, quizás encontremos una explicación que nos lleve a pensar que tal vez, esa era la mejor excusa que estaba al alcance de unos pocos para justificarse, salirse con la suya y tratar de convencernos a todos los demás, de que su excusa es la mejor y probablemente la única alternativa posible.

En cualquier caso, no conviene tomarse al pie de la letra ninguna de las opiniones que acabo de escribir ya que lo único de lo que realmente estoy seguro, es que todo lo que he escrito no es más que una simple Excusa para comunicarme contigo.